miércoles, 10 de mayo de 2017

PAPA FRANCISCO EN LA AUDIENCIA GENERAL: ¡LAS MADRES NO TRAICIONAN!

Por Miguel Pérez Pichel


VATICANO, 10 May. 17 / 04:18 am (ACI).- Durante la catequesis pronunciada en la Audiencia General celebrada este miércoles en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Papa Francisco destacó el papel de María en el plan salvífico de Dios: su fidelidad a la voluntad divina y su valentía al aceptar esa voluntad son un ejemplo para todas las madres del mundo. “¡Las madres no traicionan!”, exclamó.

El Santo Padre continuó el itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana que ha desarrollado en los últimos meses. En esta ocasión, quiso mirar hacia María “Madre de la Esperanza”.


Francisco destacó la importancia de la virgen en su camino de madre, pero también sus desvelos. “Desde su primera aparición en la historia evangélica, su figura se presenta como si fuera el personaje de un drama”.

En este sentido, destacó que María era una mujer valiente, que sabía confiar, y eso se demostró en su respuesta afirmativa al ángel de la Anunciación. “No fue sencillo responder con un ‘sí’ a la invitación del ángel: pero ella, una mujer todavía en la flor de la juventud, responde con valentía, a pesar de no saber nada del destino que le esperaba”.

María, continuó el Papa, “se nos aparece en ese instante como una de tantas madres de nuestro mundo: valiente hasta el extremo cuando se trata de acoger en el vientre la historia de un nuevo hombre que nace”.


En este “sí” de María, el Pontífice explicó que reside un rasgo que debe caracterizar la vida de todo cristiano: la confianza en Dios. “Aquel ‘sí’ es el primer paso de una larga lista de obediencia que la acompañará en su itinerario de madre”.

“María no es una mujer que se deprima ante las incertidumbres de la vida, especialmente cuando nada parece ir a nuestra manera. Tampoco es una mujer que proteste con violencia, arremetiendo contra el destino de la vida que a menudo revela una cara hostil”.

Por el contrario, “es una mujer que escucha, que acoge la existencia, así como esa se entrega a nosotros, con sus días de felicidad, pero también con sus tragedias con las que nunca habría querido encontrarse”. En este itinerario, María, como madre, pasó por varias “noches”, hasta “la noche suprema que es cuando su Hijo es clavado al leño de la cruz”.

Hasta el día de la cruz “María había permanecido casi desaparecida de la trama de los Evangelios”. “Pero María reaparece justo en el momento crucial: cuando gran parte de los amigos de su hijo han desaparecido por el miedo”.

“¡Las madres no traicionan!”, exclamó el Papa. “Y en aquel instante, al pie de la cruz, ninguno de nosotros puede decir quién sufría una pasión más cruel: aquel hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la madre que sufre una agonía acompañando los últimos instantes de la vida de su hijo”.

“Todos nosotros hemos conocido a mujeres fuertes que han llevado adelante tantos sufrimientos de los hijos”.


“María ‘estaba’, simplemente estaba ahí. Y ahí nos encontramos nuevamente a la joven mujer de Nazaret”. “María está allí fielmente presente, siempre con una lámpara encendida en un lugar de sombras y tinieblas. Tampoco ella conoce el destino de la resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros: es ahí donde muestra su fidelidad al plan de Dios, del cual se proclama sierva en el primer día de su vocación”.

El Pontífice subrayó cómo con su presencia, María sostuvo la Iglesia en sus primeros pasos. “La encontramos en el primer día de la Iglesia, ella, madre de la esperanza, en medio de aquella comunidad de discípulos tan frágiles: uno de ellos había renegado, muchos habían escapado, todos tenían mucho miedo”.

“Simplemente, María estaba allí, en la más normal de las maneras, como si fuese algo del todo natural: en la primera Iglesia, tras la luz de la Resurrección, pero también en el temor de los primeros pasos que debía dar en el mundo”.

El Papa concluyó: “No somos huérfanos, tenemos una madre en el cielo: la santa Madre de Dios”.

martes, 9 de mayo de 2017

ÁFRICA/SUDAN DEL SUR - SUDAN DEL SUR ESTA COLAPSANDO, EN JUBA LA POBLACION Y LOS ESTUDIANTES PROTESTAN

Juba (Agencia Fides) - Estudiantes y ciudadanos tomaron ayer las calles de Juba, capital de Sudán del Sur, para protestar por el colapso económico del país. La manifestación fue convocada por los estudiantes a los que se unieron los ciudadanos, para oponerse a las políticas del presidente Salva Kiir al que acusan de haber llevado al país al límite.

La economía nacional se ha derrumbado tras la guerra que estalló en diciembre de 2013 entre las fuerzas del presidente Kiir y las del vicepresidente Riek Machar.
Desde entonces una gran parte del país esta en valía de la anarquía y de los enfrentamientos tribales y étnicos. “La nación ha colapsado bajo tu dirección”, se leía en una pancarta de los manifestantes, refiriéndose al Presidente.

El colapso de la esterlina de Sudán del Sur frente a las monedas extranjeras ha conducido a un alza del precio de los bienes primarios y a un aumento de los impuestos y de las tarifas de los servicios públicos en las ciudades.

En las zonas rurales la situación es dramática debido a la hambruna causada por los enfrentamientos y la inestabilidad y agravada por la sequía que ha afectado a África oriental. La guerra ha creado la peor crisis humanitaria africana, con 3 millones de personas obligadas a huir y convertirse en desplazados internos o refugiados en países vecinos.

Las agencias humanitarias internacionales están trabajando en un entorno difícil, a menudo hostil. Según un funcionario de la ONU, citado por la Reuters, 82 trabajadores humanitarios han muerto desde el estallido de la crisis en Sudán del Sur. El gobierno de Juba también ha aumentado las tasas de registro a las Ong que trabajan en el país. Las extranjeras tendrán que pagar por el período 2017-2018 3.500 dólares americanos (antes eran 600), las locales tendrán que pagar 500 dolares en lugar de los 450 de antes. (L.M.) (Agencia Fides 9/5/2017)

lunes, 8 de mayo de 2017

VENEZUELA: OBISPOS CONVOCAN JORNADA DE ORACION POR LA PAZ Y EL FIN DE LA REPRESION


CARACAS, 07 May. 17 / 05:34 pm (ACI).- La Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), llamó a todas las parroquias y comunidades a participar el domingo 21 de mayo en una jornada de oración por la paz en el país, el fin de la represión oficial y por la búsqueda de caminos de entendimiento y reconciliación.

Los obispos anunciaron la jornada de oración en su comunicado publicado este 5 de mayo, en el que también rechazaron la propuesta del Presidente Nicolás Maduro de convocar a una Asamblea Constituyente, pues su objetivo no es solucionar los problemas de la población, “sino prolongar la permanencia de su Gobierno en el poder”.

En el texto, los prelados también denunciaron la violencia ejercida por el régimen contra los manifestantes, que desde inicios de abril protestan en diversas ciudades del país. “Hacemos nuestro el dolor del pueblo venezolano y decimos: ¡Ya basta de tanta represión!”, denunció la CEV.

En ese sentido, la CEV señaló que “este es un momento en el cual necesariamente debemos fijar nuestra mirada en el Dios de la Vida y de la Paz”.

Por ello, “invitamos a todas nuestras parroquias y comunidades a organizar una Jornada de Oración por la Paz de Venezuela, el próximo domingo 21 de mayo, por el cese de la violencia, la represión oficial y por la búsqueda de caminos para el entendimiento y la reconciliación que tanto necesitamos”.

“Es necesario acrecentar la escucha de la Palabra de Dios y la oración en cada hogar, en cada institución y en cada comunidad cristiana”, afirmaron.

En su comunicado, los obispos agradecieron también la preocupación del Papa Francisco por la situación en Venezuela.

Durante el Ángelus del domingo 30 de abril, el Santo Padre dijo que “no dejan de llegar noticias dramáticas sobre la situación en Venezuela y el agravarse de los enfrentamientos, con numerosos muertos, heridos y detenidos”.

El Pontífice expresó su solidaridad a “los familiares de las víctimas, para quienes aseguro oraciones de sufragio”, y exhortó al gobierno y a la sociedad en general a evitar cualquier forma de violencia.

Además llamó a que se respeten “los derechos humanos y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está agotando a la población. Encomendamos a la Santísima Virgen María la intención de la paz, de la reconciliación y de la democracia en ese querido país”.

PAPA FRANCISCO A CATOLICOS EN EGIPTO: NO TEMAN AMAR AL OTRO, AUNQUE SEA UN ENEMIGO


Por Álvaro de Juana

EL CAIRO, 29 Abr. 17 / 04:09 am (ACI).- En una multitudinaria Misa en su segundo y último día de visita a Egipto, el Papa Francisco invitó a los fieles romper la dureza de corazón y no tener miedo a amar al otro, aunque sea enemigo.

El Papa pidió a todos los fieles regresar con alegría a su vida cotidiana, junto a sus seres queridos y no tener miedo “a abrir vuestro corazón a la luz del Resucitado” para que Él “transforme vuestras incertidumbres en fuerza positiva para vosotros y para los demás”. “No tengáis miedo a amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente”.


“El único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada”, dijo también.

Durante la homilía, el Pontífice señaló que el Evangelio en el que se narra la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús –proclamado en la celebración– se puede resumir en 3 palabras: muerte, resurrección y vida.

Vida

Francisco explicó que “el encuentro con Jesús resucitado ha transformado la vida de los dos discípulos, porque el encuentro con el Resucitado transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad”.


“En efecto, la Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección”.

Sobre la misión de la Iglesia, el Pontífice apuntó a que ella misma “debe saber y creer que él está vivo en ella y que la vivifica con la Eucaristía, con la Escritura y con los Sacramentos”.

“La experiencia de los discípulos de Emaús nos enseña que de nada sirve llenar de gente los lugares de culto si nuestros corazones están vacíos del temor de Dios y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oración que se dirige a Dios no se transforma en amor hacia el hermano; de nada sirve tanta religiosidad si no está animada al menos por igual fe y caridad; de nada sirve cuidar las apariencias, porque Dios mira el alma y el corazón y detesta la hipocresía”. En definitiva, “para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hipócrita”.

“La verdadera fe es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más honestos y más humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a todos gratuitamente, sin distinción y sin preferencias, es la que nos hace ver al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído; a vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre, a visitar al encarcelado; a ayudar a los huérfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a los ancianos y a los necesitados”.

“La verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros. En realidad, cuanto más se crece en la fe y más se conoce, más se crece en la humildad y en la conciencia de ser pequeño”.

Muerte

Francisco manifestó que los discípulos estaban desorientados tras la muerte de Jesús y “su camino es un volver atrás; es alejarse de la dolorosa experiencia del Crucificado”. “La crisis de la Cruz, más bien el ‘escándalo’ y la ‘necedad’ de la Cruz ha terminado por sepultar toda esperanza. Aquél sobre el que habían construido su existencia ha muerto y, derrotado, se ha llevado consigo a la tumba todas sus aspiraciones. No podían creer que el Maestro y el Salvador que había resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza”.

“No podían comprender por qué Dios Omnipotente no lo salvó de una muerte tan infame. La cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. De hecho, los muertos en el sepulcro de la estrechez de su entendimiento”.

Francisco advirtió de que muchas veces el hombre “se auto paraliza, negándose a superar su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre”.

“Cuantas veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida”.


“Si nosotros no quitamos el velo que oscurece nuestros ojos, si no rompemos la dureza de nuestro corazón y de nuestros prejuicios nunca podremos reconocer el rostro de Dios, advirtió”.

Resurrección

El Papa aseguró que Jesús transforma “la desesperación en vida” porque “cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina”. 

“Cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz”.

De esta manera, los discípulos de Emaús “han encontrado el sentido de la aparente derrota de la Cruz”.

“Quien no pasa a través de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. De hecho, no podemos encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepción de un dios que sólo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder”.

ENCUENTRO DEL SANTO PADRE FRANCISCO CON EL PAPA ORTODOXO TAWADROS II



(ZENIT – Roma, 28 Abr. 2017).- El santo padre Francisco ha llegado al patriarcado copto ortodoxo, ubicado en el viejo Cairo cristiano, parte del edificio de la catedral dedicada a San Marcos. Allí se perpetró un grave atentado el 11 de diciembre de 2016.

Le esperaba Tawadros II, papa de la Iglesia copta ortodoxa y patriarca de Alejandría de Egipto, de toda África y de la Santa Sede de San Marco.

Después de un primer abrazo y de la presentación de las delegaciones, ambos se reunieron en la oficina de Tawadros en un encuentro privado. Concluido el mismo ambos hicieron un discurso y le siguió un intercambio de dones.

Francisco regaló un Icono de la “Madre de Dios de la Ternura”, copia fiel de esta obra en Tolga, que recuerda su milagros descubrimiento en las orillas del río Volga. Tawadros II le regaló un crucifijo característico y una imagen de bronce de San Francisco de Asís.
El encuentro tuvo la firma de un documento común en el que señalan:  Trataremos, con toda sinceridad, de no repetir el Bautismo administrado en una de nuestras Iglesias a alguien que desee adscribirse a la otra. Descubrir el don común del Bautismo es así un objetivo para caminar hacia la plena unidad visible y sacramental de los cristianos.



Discurso del papa Francisco
El Señor ha resucitado, verdaderamente ha resucitado. [Al Massih kam, bilhakika kam]

Santidad, querido Hermano:
Hace poco que ha concluido la gran Solemnidad de la Pascua, centro de la vida cristiana, que este año hemos tenido la gracia de celebrar en el mismo día. Así hemos proclamado al unísono el anuncio de la Resurrección, viviendo de nuevo, en un cierto sentido, la experiencia de los primeros discípulos, que en ese día «se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20,20). Esta alegría pascual se ha incrementado hoy por el don que se nos ha concedido de adorar juntos al Resucitado en la oración y de darnos nuevamente, en su nombre, el beso santo y el abrazo de paz.

Esto me llena de alegría: llegando aquí como peregrino, estaba seguro de recibir la bendición de un Hermano que me esperaba. Era grande el deseo de encontrarnos otra vez: mantengo muy vivo el recuerdo de la visita que Vuestra Santidad realizó a Roma, poco después de mi elección, el 10 de mayo de 2013, una fecha que se ha convertido felizmente en la oportunidad para celebrar cada año la Jornada de Amistad copto-católica.

Con la alegría de continuar fraternalmente nuestro camino ecuménico, deseo recordar ante todo ese momento crucial que supuso en las relaciones entre la sede de Pedro y la de Marcos la Declaración Común, firmada por nuestros Predecesores hace más de cuarenta años, el 10 de mayo de 1973.

En ese día, después de «siglos de una historia complicada», en los que «se han manifestado diferencias teológicas, fomentadas y acentuadas por factores de carácter no teológico» y por una creciente desconfianza en las relaciones, con la ayuda de Dios hemos llegado a reconocer juntos que Cristo es «Dios perfecto en su Divinidad y hombre perfecto en su humanidad» (Declaración Común firmada por el Santo Padre Pablo VI y por Su Santidad Amba Shenouda III, 10 mayo 1973).

Pero no menos importantes y actuales son las palabras que la precedían inmediatamente, con las que hemos reconocido a «Nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey de todos nosotros, Jesucristo». Con estas expresiones la sede de Marcos y la de Pedro han proclamado la señoría de Jesús: juntos hemos confesado que pertenecemos a Jesús y que él es nuestro todo.

Aún más, hemos comprendido que, siendo suyos, no podemos seguir pensando en ir adelante cada uno por su camino, porque traicionaríamos su voluntad: que los suyos sean «todos […] uno […] para que el mundo crea» (Jn 17,21).

Delante del Señor, que quiere que seamos «perfectos en la unidad» (v. 23) no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños. Como dijo aquí Su Santidad Juan Pablo II: «A este respecto no hay tiempo que perder. Nuestra comunión en el único Señor Jesucristo, en el único Espíritu Santo y en el único bautismo, ya representa una realidad profunda y fundamental» (Discurso durante el encuentro ecuménico, 25 febrero 2000).

En este sentido, no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser «criaturas nuevas» en él (cf. 2 Co 5,17): en definitiva, «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,5).

De aquí tenemos que comenzar siempre, para apresurar el día tan esperado en el que estaremos en comunión plena y visible junto al altar del Señor.

En este camino apasionante, que –como la vida– no es siempre fácil ni lineal, pero que el Señor nos exhorta a seguir recorriendo, no estamos solos. Nos acompaña una multitud de Santos y Mártires que, ya plenamente unidos, nos animan a que seamos aquí en la tierra una imagen viviente de la «Jerusalén celeste» (Ga 4,26).

Entre ellos, seguro que los que hoy se alegran de manera especial de nuestro encuentro son los santos Pedro y Marcos. Es grande el vínculo que los une. Basta pensar en el hecho de que san Marcos puso en el centro de su Evangelio la profesión de fe de Pedro: «Tu eres el Cristo». Fue la respuesta a la pregunta, siempre actual, de Jesús: «Y vosotros,¿quién decís que soy?» (Mc 8,29).

También hoy hay mucha gente que no sabe dar una respuesta a esta pregunta; faltan incluso personas que la propongan y sobre todo quien ofrezca como respuesta la alegría de conocer a Jesús, la misma alegría con la que tenemos la gracia de confesarlo juntos. Estamos llamados a testimoniarlo juntos, a llevar al mundo nuestra fe, sobre todo, como es proprio de la fe: viviéndola, porque la presencia de Jesús se transmite con la vida y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto.

Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad: antes de comenzar un proyecto para hacer el bien, sería hermoso preguntarnos si podemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas que comparten la fe en Jesús. Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad.

Con este espíritu apostólico constructivo, Vuestra Santidad sigue brindando una atención genuina y fraterna a la Iglesia copta católica: una cercanía que agradezco tanto y que se ha concretado en la creación del Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, para que los creyentes en Jesús puedan actuar siempre más unidos, en beneficio de toda la sociedad egipcia.

Además, he apreciado mucho la generosa hospitalidad con la que acogió el XIII Encuentro de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales, que tuvo lugar aquí el año pasado siguiendo vuestra invitación. Es un bonito signo que el encuentro siguiente se haya celebrado en Roma, como queriendo señalar una continuidad particular entre la sede de Marcos y la de Pedro.

En la Sagrada Escritura, Pedro corresponde en cierto modo al afecto de Marcos llamándolo «mi hijo» (1 P 5,13). Pero los vínculos fraternos del Evangelista y su actividad apostólica se extienden también a san Pablo el cual, antes de morir mártir en Roma, habla de lo útil que es Marcos para el ministerio (cf. 2 Tm 4,11) y lo menciona varias veces (cf. Flm 24; Col 4, 10).

Caridad fraterna y comunión de misión: estos son los mensajes que la Palabra divina y nuestros orígenes nos transmiten. Son las semillas evangélicas que con alegría seguimos cultivando y juntos, con la ayuda de Dios, procuramos que crezcan (cf. 1 Co 3,6-7).

Nuestro camino ecuménico crece de manera misteriosa y sin duda actual, gracias a un verdadero y propio ecumenismo de la sangre. San Juan escribe que Jesús vino «con agua y sangre» (1 Jn 5,6); quien cree en él, «vence al mundo» (1 Jn 5,5). Con agua y sangre: viviendo una vida nueva en nuestro mismo Bautismo, una vida de amor, siempre y por todos, también a costa de derramar la sangre.

Cuántos mártires en esta tierra, desde los primeros siglos del Cristianismo, han vivido la fe de manera heroica y hasta el final, prefiriendo derramar su sangre antes que renegar del Señor y ceder a las lisonjas del mal o a la tentación de responder al mal con el mal.

Así lo testimonia el venerable Martirologio de la Iglesia Copta. Aun recientemente, por desgracia, la sangre inocente de fieles indefensos ha sido derramada cruelmente: su sangre inocente nos une.

Querido Hermano, igual que la Jerusalén celeste es una, así también nuestro martirologio es uno, y vuestros sufrimientos son también nuestros sufrimientos. Fortalecidos por vuestro testimonio, esforcémonos en oponernos a la violencia predicando y sembrando el bien, haciendo crecer la concordia y manteniendo la unidad, rezando para que los muchos sacrificios abran el camino a un futuro de comunión plena entre nosotros y de paz para todos.

La maravillosa historia de santidad de esta tierra no se debe sólo al sacrificio de los mártires. Apenas terminadas las antiguas persecuciones, surgió una nueva forma de vida que, ofrecida al Señor, nada retenía para sí: en el desierto inició el monaquismo.

Así, a los grandes signos que Dios obró en el pasado en Egipto y en el Mar Rojo (cf. Sal 106,21-22), siguió el prodigio de una vida nueva, que hizo florecer de santidad el desierto. Con veneración por este patrimonio común, he venido como peregrino a esta tierra, donde el Señor mismo ama venir: aquí, glorioso, bajó al monte Sinaí (cf. Ex 24,16); aquí, humilde, encontró refugio cuando era niño (cf. Mt 2,14).

Santidad, querido Hermano: que el mismo Señor nos conceda hoy seguir caminando juntos, como peregrinos de comunión y anunciadores de paz. Que en este camino nos lleve de la mano Aquella que acompañó aquí a Jesús y que la gran tradición teológica egipcia ha aclamado desde la antigüedad como Theotokos, Madre de Dios.

En este título se unen admirablemente la humanidad y la divinidad, porque, en la Madre, Dios se hizo hombre para siempre. Que la Virgen Santa, que siempre nos conduce a Jesús, sinfonía perfecta de lo divino con lo humano, siga trayendo un poco de Cielo a nuestra tierra.

EL IMAM DE AL-AZHAR: "CONTRA LA VIOLENCIA SIN DISTINCION ALGUNA"

El Imán de Al-Azhar: ‘Contra la violencia, sin distinción alguna’
Inició pidiendo un minuto de silencio por las víctimas del terrorismo

28 ABRIL 2017

(ZENIT – Roma, 28 Abr. 2017).- El gran imán de la Universidad de Al-Azhar, Ahmed Al Tayyeb, en el ‘Global Peace Conference’, inició sus palabras invitando a todos a ponerse en pié y observar unos instantes de silencio por las víctimas del terrorismo en el mundo.

Un encuentro este, dijo, cuando “la paz se ha perdido”, “tantos países sufren la violencia” y “tantos prófugos buscan esta paz”. Recordó que muchos mueren en el desierto y en el mar. Una tragedia inmensa. Y precisó que considera que “la historia nunca conoció tragedias de tales dimensiones”.

Entre las causas de la violencia, señaló el imán, “está el comercio y tráfico de armas”. Esto en la época de las filosofías humanitarias, en que se predica la igualdad, con entes como las Naciones Unidas, y Ongs que defienden los derechos humanos.

Y se interrogó ¿Por qué la paz se ha vuelto un paraíso perdido? “La ignorancia de las sociedades por los valores divinos está en la raíz de esto”, aseguró.

El Imám pidió “limpiar la imagen de las religiones de visiones erradas” y pidió “no se juzgue a las religiones porque algunos la han interpretado de manera equivocada y derramando sangre”.

Señaló que el cristianismo no puede ser acusado de ser una religión de terrorismo porque se mató a gente en nombre de la cruz, ni los judíos porque asesinaron en nombre de su Dios. Ni a la civilización europea con la II Guerra con 70 millones de muertos, o a la civilización de Estados Unidos por la bomba de Hiroshima.

Ahmed Al Tayyeb le agradeció al Papa porque “él dijo que la religión islámica no es terrorismo, cuando algunos la acusaban”. Y subrayó que “Al-Azhar invita a fomentar la tolerancia y contra la violencia, sin distinción alguna”.

Pidió también “trabajar para proteger a la familia de las desviaciones científicas, delante de la destrucción del planeta, de la destrucción atea que diviniza lo humano”. Y Concluyó: “Pido a Dios Altísimo para que bendiga este encuentro para que todos podamos defender una cultura de paz y de hermandad”.