sábado, 16 de noviembre de 2019

LA ESPERANZA DE LOS POBRES NUNCA SE FRUSTRARA

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO III JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
17 de noviembre de 2019


1. «La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Las palabras del salmo se presentan con una actualidad increíble. Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida.
El salmista describe la condición del pobre y la arrogancia del que lo oprime (cf. 10,1-10); invoca el juicio de Dios para que se restablezca la justicia y se supere la iniquidad (cf. 10,14-15). Es
como si en sus palabras volviese de nuevo la pregunta que se ha repetido a lo largo de los siglos hasta nuestros días: ¿cómo puede Dios tolerar esta disparidad? ¿Cómo puede permitir que el pobre sea humillado, sin intervenir para ayudarlo? ¿Por qué permite que quien oprime tenga una vida feliz mientras su comportamiento debería ser condenado precisamente ante el sufrimiento del pobre?
Este salmo se compuso en un momento de gran desarrollo económico que, como suele suceder, también produjo fuertes desequilibrios sociales. La inequidad generó un numeroso grupo de indigentes, cuya condición parecía aún más dramática cuando se comparaba con la riqueza alcanzada por unos pocos privilegiados. El autor sagrado, observando esta situación, dibuja un cuadro lleno de realismo y verdad.
Era una época en la que la gente arrogante y sin ningún sentido de Dios perseguía a los pobres para apoderarse incluso de lo poco que tenían y reducirlos a la esclavitud. Hoy no es muy diferente. La crisis económica no ha impedido a muchos grupos de personas un enriquecimiento que con frecuencia aparece aún más anómalo si vemos en las calles de nuestras ciudades el ingente número de pobres que carecen de lo necesario y que en ocasiones son además
maltratados y explotados. Vuelven a la mente las palabras del Apocalipsis: «Tú dices: “soy rico, me he enriquecido; y no tengo necesidad de nada”; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, ciego y desnudo» (Ap 3,17). Pasan los siglos, pero la condición de ricos y pobres se mantiene inalterada, como si la experiencia de la historia no nos hubiera enseñado nada. Las palabras del salmo, por lo tanto, no se refieren al pasado, sino a nuestro presente, expuesto al juicio de Dios.

2. También hoy debemos nombrar las numerosas formas de nuevas esclavitudes a las que están sometidos millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños.
Todos los días nos encontramos con familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser. ¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?
Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo que comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de culpa por parte de aquellos que son cómplices en este escándalo. Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres.
Para aumentar el drama, no se les permite ver el final del túnel de la miseria. Se ha llegado hasta el punto de teorizar y realizar una arquitectura hostil para deshacerse de su presencia, incluso en
las calles, últimos lugares de acogida. Deambulan de una parte a otra de la ciudad, esperando conseguir un trabajo, una casa, un poco de afecto... Cualquier posibilidad que se les ofrezca se convierte en un rayo de luz; sin embargo, incluso donde debería existir al menos la justicia, a menudo se comprueba el ensañamiento en su contra mediante la violencia de la arbitrariedad. Se ven obligados a trabajar horas interminables bajo el sol abrasador para cosechar los frutos de la estación, pero se les recompensa con una paga irrisoria; no tienen seguridad en el trabajo ni condiciones humanas que les permitan sentirse iguales a los demás. Para ellos no existe el subsidio de desempleo, indemnizaciones, ni siquiera la posibilidad de enfermarse.
El salmista describe con crudo realismo la actitud de los ricos que despojan a los pobres: «Están al acecho del pobre para robarle, arrastrándolo a sus redes» (cf. Sal 10,9). Es como si para ellos
se tratara de una jornada de caza, en la que los pobres son acorralados, capturados y hechos esclavos. En una condición como esta, el corazón de muchos se cierra y se afianza el deseo de volverse invisibles. Así, vemos a menudo a una multitud de pobres tratados con retórica y soportados con fastidio. Ellos se vuelven como transparentes y sus voces ya no tienen fuerza ni
consistencia en la sociedad. Hombres y mujeres cada vez más extraños entre nuestras casas y marginados en nuestros barrios.

3. El contexto que el salmo describe se tiñe de tristeza por la injusticia, el sufrimiento y la amargura que afecta a los pobres. A pesar de ello, se ofrece una hermosa definición del pobre. Él es aquel que «confía en el Señor» (cf. v. 11), porque tiene la certeza de que nunca será abandonado. El pobre, en la Escritura, es el hombre de la confianza. El autor sagrado brinda también el motivo de esta confianza: él “conoce a su Señor” (cf. ibíd.), y en el lenguaje bíblico este “conocer” indica una relación personal de afecto y amor.
Estamos ante una descripción realmente impresionante que nunca nos hubiéramos imaginado.
Sin embargo, esto no hace sino manifestar la grandeza de Dios cuando se encuentra con un pobre. Su fuerza creadora supera toda expectativa humana y se hace realidad en el “recuerdo” que él tiene de esa persona concreta (cf. v. 13). Es precisamente esta confianza en el Señor, esta
certeza de no ser abandonado, la que invita a la esperanza. El pobre sabe que Dios no puede abandonarlo; por eso vive siempre en la presencia de ese Dios que lo recuerda. Su ayuda va más allá de la condición actual de sufrimiento para trazar un camino de liberación que transforma el corazón, porque lo sostiene en lo más profundo.

4. La descripción de la acción de Dios en favor de los pobres es un estribillo permanente en la Sagrada Escritura. Él es aquel que “escucha”, “interviene”, “protege”, “defiende”, “redime”, “salva”... En definitiva, el pobre nunca encontrará a Dios indiferente o silencioso ante su oración.
Dios es aquel que hace justicia y no olvida (cf. Sal 40,18; 70,6); de hecho, es para él un refugio y  no deja de acudir en su ayuda (cf. Sal 10,14).
Se pueden alzar muchos muros y bloquear las puertas de entrada con la ilusión de sentirse seguros con las propias riquezas en detrimento de los que se quedan afuera. No será así para siempre. El “día del Señor”, tal como es descrito por los profetas (cf. Am 5,18; Is 2-5; Jl 1-3), destruirá las barreras construidas entre los países y sustituirá la arrogancia de unos pocos por la solidaridad de muchos. La condición de marginación en la que se ven inmersas millones de personas no podrá durar mucho tiempo. Su grito aumenta y alcanza a toda la tierra. Como escribió D. Primo Mazzolari: «El pobre es una protesta continua contra nuestras injusticias; el pobre es un polvorín. Si le das fuego, el mundo estallará».

5. No hay forma de eludir la llamada apremiante que la Sagrada Escritura confía a los pobres.
Dondequiera que se mire, la Palabra de Dios indica que los pobres son aquellos que no disponen de lo necesario para vivir porque dependen de los demás. Ellos son el oprimido, el humilde, el
que está postrado en tierra. Aun así, ante esta multitud innumerable de indigentes, Jesús no tuvo miedo de identificarse con cada uno de ellos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Huir de esta identificación equivale a falsificar el Evangelio y atenuar la revelación. El Dios que Jesús quiso revelar es éste: un Padre generoso, misericordioso, inagotable en su bondad y gracia, que ofrece esperanza sobre todo a los que están desilusionados y privados de futuro.
¿Cómo no destacar que las bienaventuranzas, con las que Jesús inauguró la predicación del Reino de Dios, se abren con esta expresión: «Bienaventurados los pobres» (Lc 6,20)? El sentido
de este anuncio paradójico es que el Reino de Dios pertenece precisamente a los pobres, porque están en condiciones de recibirlo. ¡Cuántas personas pobres encontramos cada día! A veces parece que el paso del tiempo y las conquistas de la civilización aumentan su número en vez de disminuirlo. Pasan los siglos, y la bienaventuranza evangélica parece cada vez más paradójica;
los pobres son cada vez más pobres, y hoy día lo son aún más. Pero Jesús, que ha inaugurado su Reino poniendo en el centro a los pobres, quiere decirnos precisamente esto: Él ha inaugurado, pero nos ha confiado a nosotros, sus discípulos, la tarea de llevarlo adelante, asumiendo la responsabilidad de dar esperanza a los pobres. Es necesario, sobre todo en una época como la nuestra, reavivar la esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad cristiana no puede subestimar. De esto depende que sea creíble nuestro anuncio y el testimonio de los cristianos.

6. La Iglesia, estando cercana a los pobres, se reconoce como un pueblo extendido entre tantas naciones cuya vocación es la de no permitir que nadie se sienta extraño o excluido, porque implica a todos en un camino común de salvación. La condición de los pobres obliga a no distanciarse de ninguna manera del Cuerpo del Señor que sufre en ellos. Más bien, estamos llamados a tocar su carne para comprometernos en primera persona en un servicio que
constituye auténtica evangelización. La promoción de los pobres, también en lo social, no es un compromiso externo al anuncio del Evangelio, por el contrario, pone de manifiesto el realismo de
la fe cristiana y su validez histórica. El amor que da vida a la fe en Jesús no permite que sus discípulos se encierren en un individualismo asfixiante, soterrado en segmentos de intimidad
espiritual, sin ninguna influencia en la vida social (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 183).
Hace poco hemos llorado la muerte de un gran apóstol de los pobres, Jean Vanier, quien con su dedicación logró abrir nuevos caminos a la labor de promoción de las personas marginadas. Jean
Vanier recibió de Dios el don de dedicar toda su vida a loshermanos y hermanas con discapacidades graves, a quienes la sociedad a menudo tiende a excluir. Fue un “santo de la puerta de al lado” de la nuestra; con su entusiasmo supo congregar en torno suyo a muchos jóvenes, hombres y mujeres, que con su compromiso cotidiano dieron amor y devolvieron la sonrisa a muchas personas débiles y frágiles, ofreciéndoles una verdadera “arca” de salvación
contra la marginación y la soledad. Este testimonio suyo ha cambiado la vida de muchas personas y ha ayudado al mundo a mirar con otros ojos a las personas más débiles y frágiles. El
grito de los pobres ha sido escuchado y ha producido una esperanza inquebrantable, generando signos visibles y tangibles de un amor concreto que también hoy podemos reconocer.

7. «La opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha» (ibíd., 195) es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo están llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas. En ellas, la caridad cristiana encuentra su verificación, porque quien se compadece de sus sufrimientos con el amor de Cristo recibe fuerza y confiere vigor al anuncio del Evangelio.
El compromiso de los cristianos, con ocasión de esta Jornada Mundial y sobre todo en la vida ordinaria de cada día, no consiste sólo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y
necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad. «Esta atención amante es el inicio de una verdadera
preocupación» (ibíd., 199) por los pobres en la búsqueda de su verdadero bien. No es fácil ser testigos de la esperanza cristiana en el contexto de una cultura consumista y de descarte, orientada a acrecentar el bienestar superficial y efímero. Es necesario un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y darle cuerpo y efectividad al anuncio del Reino de Dios.
La esperanza se comunica también a través de la consolación, que se realiza acompañando a los pobres no por un momento, cargado de entusiasmo, sino con un compromiso que se prolonga en el tiempo. Los pobres obtienen una esperanza verdadera no cuando nos ven complacidos por haberles dado un poco de nuestro tiempo, sino cuando reconocen en nuestro sacrificio un acto de amor gratuito que no busca recompensa.

8. A los numerosos voluntarios, que muchas veces tienen el mérito de ser los primeros en haber intuido la importancia de esta preocupación por los pobres, les pido que crezcan en su dedicación. Queridos hermanos y hermanas: Os exhorto a descubrir en cada pobre que encontráis lo que él realmente necesita; a no deteneros ante la primera necesidad material, sino a ir más allá para descubrir la bondad escondida en sus corazones, prestando atención a su cultura y a sus maneras de expresarse, y así poder entablar un verdadero diálogo fraterno. Dejemos delado las divisiones que provienen de visiones ideológicas o políticas, fijemos la mirada en lo esencial, que no requiere muchas palabras sino una mirada de amor y una mano tendida. No olvidéis nunca que «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual» (ibíd., 200).
Antes que nada, los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, las que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano. Dios se vale de muchos caminos y de instrumentos infinitos para llegar al corazón de las personas. Por supuesto, los pobres se acercan a nosotros también porque les distribuimos comida, pero lo que realmente necesitan va más allá del plato caliente o del bocadillo que les ofrecemos. Los pobres necesitan nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto, nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor.

9. A veces se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonreír, escuchar.
Por un día dejemos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo.
A los ojos del mundo, no parece razonable pensar que la pobreza y la indigencia puedan tener una fuerza salvífica; sin embargo, es lo que enseña el Apóstol cuando dice: «No hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor» (1 Co 1,26-29). Con los ojos humanos no se logra ver esta fuerza salvífica; con los ojos de la fe, en cambio, se la puede ver en acción y experimentarla en primera persona. En el corazón del Pueblo de Dios que camina late esta fuerza salvífica, que no excluye a nadie y a todos congrega en una verdadera peregrinación de conversión para reconocer y amar a los pobres.

10. El Señor no abandona al que lo busca y a cuantos lo invocan; «no olvida el grito de los pobres» (Sal 9,13), porque sus oídos están atentos a su voz. La esperanza del pobre desafía las diversas situaciones de muerte, porque él se sabe amado particularmente por Dios, y así logra vencer el sufrimiento y la exclusión. Su condición de pobreza no le quita la dignidad que ha recibido del Creador; vive con la certeza de que Dios mismo se la restituirá plenamente, pues él no es indiferente a la suerte de sus hijos más débiles, al contrario, se da cuenta de sus afanes y dolores y los toma en sus manos, y a ellos les concede fuerza y valor (cf. Sal 10,14). La esperanza del pobre se consolida con la certeza de ser acogido por el Señor, de encontrar en él la verdadera justicia, de ser fortalecido en su corazón para seguir amando (cf. Sal 10,17).
La condición que se pone a los discípulos del Señor Jesús, para ser evangelizadores coherentes, es sembrar signos tangibles de esperanza. A todas las comunidades cristianas y a cuantos sienten la necesidad de llevar esperanza y consuelo a los pobres, pido que se comprometan para que esta Jornada Mundial pueda reforzar en muchos la voluntad de colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad. Que nos acompañen las palabras del profeta que anuncia un futuro distinto: «A vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra» (Mal 3,20).

Vaticano, 13 de junio de 2019
Memoria litúrgica de san Antonio de Padua
Francisco

jueves, 10 de octubre de 2019

FIESTA DE SAN DANIEL COMBONI


MENSAJE DE SUOR LUIGIA COCCIA SUPERIORA GENERAL DE LAS HERMANAS MISIONERAS COMBONIANAS

Queridas hermanas,

Desde este Cenáculo Intercapitular, deseamos llegar hasta ustedes para compartirles la alegría de la fiesta de San Daniel Comboni.
En estos días de trabajo, reflexiones, programaciones, las hemos sentido cercanas con el afecto y oración y de esto les agradecemos de corazón.

En el mes misionero extraordinario la Iglesia nos invita a mirar la realidad del mundo.
Con ojos de discípulas y misioneras, “porque aquello que nos urge es el anuncio de Cristo” (Papa Francisco, Sínodo Amazonia).  Nos parece leer en filigrana la pasión misionera de Comboni, el cual nos invita a tener los ojos fijos en Jesús para poder comprender con más profundidad el Hoy en el cual vivimos y trabajamos.
¡FELIZ FIESTA!

HOY SE CELEBRA A SAN DANIEL COMBONI, APOSTOL DE CRISTO ENTRE LOS AFRICANOS



“Hacen falta evangelizadores que tengan el entusiasmo y el celo apostólico del Obispo Daniel Comboni, apóstol de Cristo entre los africanos”, dijo San Juan Pablo II sobre este gran misionero, cuya fiesta es cada 10 de octubre.

“Él empleó los recursos de su rica personalidad y de su sólida espiritualidad para dar a conocer a Cristo y hacer que fuera acogido en África, continente que amaba profundamente”, añadió el Pontífice en la homilía de Canonización de San Daniel Comboni, el 05 de octubre de 2003.

San Daniel nació en Limone sul Garda (Brescia, Italia) en 1831, en una familia de campesinos pobres. Estudió en Verona, en el Colegio San Carlo, donde asistían chicos de escasos recursos. Más adelante irá descubriendo su vocación sacerdotal y misionera.

Es ordenado sacerdote en 1854 y años después parte a las misiones en África, donde se encuentra con una realidad de pobreza muy chocante. Regresa a Italia y se dedica a pedir ayuda  para la misión africana, incluso en el Concilio Vaticano I.

Fundó dos Institutos misioneros que hoy son los llamados Misioneros Combonianos y Misioneras Combonianas. Es nombrado Vicario Apostólico de África Central y consagrado Obispo en 1877.

Junto a los africanos, vivió sequías, el ver morir a su gente, la lucha contra la esclavitud y hasta acusaciones infundadas. Sin embargo, se mantuvo fiel a la Cruz para lograr la consolidación de la actividad misionera. Después de haber servido a Cristo en su querida África, retornó a la Casa del Padre un 10 de octubre de 1881.

SINODO AMAZONICO: LA IGLESIA PROMUEVE EL MINISTERIO LAICO DE LAS MUJERES

Fuente: www.vaticannews.va


9 Octubre 2019
El trabajo de la Asamblea Especial Panamazónica del Sínodo de los Obispos en el Vaticano continúa. Esta mañana 174 padres estuvieron presentes en el aula durante la quinta congregación general.
Vatican News - Ciudad del Vaticano

La salud integral de la Amazonía, es una de las preocupaciones expuestas esta mañana en el aula por los padres sinodales. El modelo de desarrollo del capitalismo que devora la naturaleza, los incendios que están destruyendo la región, la corrupción, la deforestación y los cultivos ilegales amenazan tanto la salud de las personas como la del territorio y la de todo el planeta.

Proteger a las poblaciones en aislamiento voluntario
Se ha puesto la mirada sobre los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, particularmente vulnerables y expuestos al genocidio. Para mantener la atención sobre este tema, es necesario establecer un observatorio eclesial internacional para la protección de los derechos humanos y las necesidades de estas comunidades.

Más diálogo: la Iglesia se dirige a las poblaciones locales
Destaca la lentitud con la que la Iglesia Católica ha ido respondiendo a las necesidades de la población. A veces, de hecho, está lejos de la gente local y este vacío se llena con la propuesta de las iglesias neopentecostales.

El diálogo ecuménico e interreligioso sigue siendo urgente e indispensable: debe ser respetuoso y fecundo, una dimensión fundamental para la Iglesia que sale de la región panamazónica, caracterizada por un contexto multicultural. La interculturalidad es más que un reto. No a una imposición desde arriba de la propia cultura. Sí a la aceptación del otro y a una sana descentralización desde una perspectiva sinodal. Que la Iglesia, sin ocultar las dificultades, sea misionera, tenga un rostro indígena y favorezca una lógica según la cual la periferia se convierte en el centro y el centro en la periferia, en un rico movimiento de transformación mutua.

Ministerios para responder a las necesidades de los pueblos amazónicos
La llamada a una mayor participación de los laicos en la creación de nuevos ministerios que respondan a las necesidades de los pueblos amazónicos es también parte de una perspectiva sinodal: la Iglesia debe ser creativa al proponer un ministerio multiforme entre los pueblos de la selva. Desde el Concilio Vaticano II, se han pedido mayores esfuerzos en favor de la inculturación de la liturgia, con celebraciones que respeten tanto las tradiciones y lenguas de los pueblos locales como el mensaje integral del Evangelio.  Es necesario un cuidadoso discernimiento por parte de los obispos para que no se excluya a priori ninguna solución, ni siquiera la de la ordenación de los hombres casados. Resonó entonces la petición de muchos seminaristas de una formación afectiva para curar las heridas causadas por la revolución sexual: hoy muchos desean redescubrir y conocer el valor del celibato y la castidad. La Iglesia no se queda callada al respecto, sino que ofrece su tesoro: la doctrina que transforma los corazones.

Un ministerio laico femenino
Al mismo tiempo, debemos combatir la violencia generalizada contra las mujeres. Se lanzó la idea de establecer un ministerio laico de mujeres para la evangelización. Es necesario promover una participación más activa de las mujeres en la vida de la Iglesia desde una perspectiva samaritana.

Unidad en la diversidad
La unidad en la diversidad debe perseguirse según la imagen del poliedro sugerida repetidamente por el Papa. En la escuela de Jesús se nos pide pasar de la pastoral de la visita a la pastoral de la presencia y de la escucha, proclamando la ternura divina y promoviendo el cuidado de la Casa común no sólo entre los amigos, sino también entre los que están lejos y piensan diferente. Los valores de la fraternidad universal, de la ecología integral y de los estilos de vida inspirados en el "buen vivir" deben estar enraizados en Jesús como respuesta a las muchas propuestas egoístas de nuestro tiempo.

Ante la tragedia climática denunciada a nivel mundial, el Sínodo es un momento de gracia y una gran oportunidad para que la Iglesia promueva la conversión ecológica y la educación integral.

Migración y pastoral urbana
También se ha llamado la atención de los Padres sinodales sobre el tema de las migraciones, cuyas causas principales son las persecuciones sociopolíticas, climáticas, económicas o étnicas, que requieren un enfoque pastoral específico. La imposición de un modelo occidental extractivo afecta a las familias y obliga a los jóvenes a desplazarse por las ciudades. La Iglesia debe promover la pastoral urbana.

Teología india y tradiciones locales
El debate abordó el valor de la teología india, con referencia a la llamada del Papa a formar una Iglesia con rostro indígena, capaz de releer los elementos esenciales del universo católico en clave indígena. También se destacó el valor de la medicina tradicional, una alternativa válida a la medicina occidental. Propone la creación de mayores reservas naturales para preservar tanto la biodiversidad como la pluralidad de las culturas amazónicas. Desde la Congregación de esta mañana, abierta como de costumbre con el rezo de la tercera hora, se elevó finalmente una oración especial por la difícil situación en Ecuador.

OCTUBRE MES MISIONERO EXTRAORDINARIO


Fuente: www.vaticannews.va



Cómo vivir el Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019

Tres acontecimientos destacarán durante los días del Mes Misionero Extraordinario Octubre 2019. El primero, el martes 1 de octubre en la Basílica de San Pedro, en donde el Santo Padre Francisco presidirá las Vísperas, antecedidas por la vigilia misionera: Radio Vaticano transmitirá en directo la celebración.

Ciudad del Vaticano

Comienza octubre y con él nos preparamos a vivir el Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco el 22 de octubre de 2017, con el fin de “de alimentar el ardor de la actividad evangelizadora de la Iglesia ad gentes”. Proclamando el Mes Misionero con el tema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”, el Santo Padre entiende despertar la conciencia de la missio ad gentes y retomar con un nuevo impulso la responsabilidad del anuncio del Evangelio. 

En el Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2019 el Papa Francisco explica el motivo por el cual eligió el mes de octubre para vivir un Mes Misionero extraordinario:

He pedido a toda la Iglesia que durante el mes de octubre de 2019 se viva un tiempo misionero extraordinario, para conmemorar el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud del Papa Benedicto XV (30 noviembre 1919). La visión profética de su propuesta apostólica me ha confirmado que hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado. 

Coincidencia con el Sínodo para la región Panamazónica
Por otra parte, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones del 20 de octubre, el Papa señala la coincidencia providencial con la celebración del Sínodo especial de los obispos para la región Panamazónica, con la cual destaca que la misión confiada por Jesús, con el don de su espíritu, sigue siendo actual y necesaria también para los habitantes de esas tierras.

Un Pentecostés renovado abre las puertas de la Iglesia para que ninguna cultura permanezca cerrada en sí misma y ningún pueblo se quede aislado, sino que se abran a la comunión universal de la fe. Que nadie se quede encerrado en el propio yo, en la autorreferencialidad de la propia pertenencia étnica y religiosa. La pascua de Jesús rompe los estrechos límites de mundos, religiones y culturas, llamándolos a crecer en el respeto por la dignidad del hombre y de la mujer, hacia una conversión cada vez más plena a la verdad del Señor resucitado que nos da a todos la vida verdadera.

Cómo vivir el Mes Misionero Extraordinario
Cuatro son las dimensiones señaladas el Sumo Pontífice para vivir con más intensidad el camino de preparación y realización del Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019: el encuentro personal con Jesucristo vivo en su Iglesia, a través de la Eucaristía, la Palabra de Dios, la oración personal y comunitaria; el testimonio de los santos, los mártires de la misión y los confesores de la fe, expresión de las Iglesias esparcidas por todo el mundo; la formación misionera a través de la escritura, catequesis, espiritualidad, y teología y la caridad misionera.

Eventos destacados del mes
Tres acontecimientos destacarán durante los días del Mes Misionero Extraordinario Octubre 2019. El martes 1 de octubre en la Basílica de San Pedro el Santo Padre Francisco presidirá las Vísperas, antecedidas por la Vigilia misionera y algunos testimonios.

El 7 de octubre, en la Basílica de Santa María la Mayor a las tres de la tarde se tendrá un rosario internacional guiado por el cardenal Fernando Filoni. Para este evento la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales Pontificias han invitado a Radio María a transmitir en directo vía radio y vídeo en los cinco continentes.

Por último, el domingo 20 de octubre, Jornada Misionera Mundial, el Sumo Pontífice celebrará la Santa Eucaristía en la Plaza de San Pedro, a las diez y media de la mañana.

HAITI/ REALIDAD DEL PAIS



Compartimos estas reflexiones sobre la situación de Haiti, solidarizándonos a través de la oración con este pueblo tan martirizado por la violencia y la pobreza.

Realmente, lo que está viviendo Haití nos mantiene en un clima de gran preocupación. En este mes de septiembre, la oposición salió a las calles en manifestaciones violentas que han paralizado el
país. Los manifestantes dicen expresar su inconformidad con el actual gobierno por la escasez de la gasolina y por la corrupción, el clima de violencia se ve acentuado por la presencia de bandas armadas que, aprovechando las circunstancias, quieren tener el dominio de zonas que les cubra y a la vez les beneficie su rol delictivo.

Hay que tener presente que, prácticamente, llevamos más de un año sin que la situación se resuelva. La última crisis ya se encuentra en su cuarta semana y, a pesar de los repetidos anuncios del Gobierno de la llegada de nuevos cargamentos de petróleo, el suministro de la gasolina no se normaliza y la
violencia continúa derivándose en saqueos, incendios de diferentes edificios y Comisarías de Policía, calles bloqueadas con neumáticos ardiendo y con barricadas de adoquines y piedras. Los manifestantes no encuentran otra manera para expresar su malestar y exigir la renuncia del Presidente, a quien la oposición culpa de la honda crisis económica que vive el país. Sin embargo, es evidente que esto perjudica mucho más la economía del país y, preferentemente, los más pobres son los más afectados pues son quienes subsisten de su trabajo diario y quienes ven acentuada la carencia de atención médica y la dificultad para conseguir alimentos y medicinas.

El transporte público, las escuelas, los hospitales, el comercio, la administración pública y privada se han paralizado por las protestas. La CIM, nuestra comunidad cercana al pueblo, tampoco pudo realizar sus actividades diarias de desplazamiento a la frontera y a las comunidades donde acompañamos a las mujeres y a los niño@ del sector. Recluidas en casa, con temor
y pendientes de las noticias, pero sufriendo también la carencia de corriente eléctrica, cobertura de internet, agua, gas y de la imposibilidad de salir a comprar, vivimos en solidaridad con el pueblo acentuando nuestra oración y confiando en la pronta solución de estos problemas.

El Presidente de la República, Jovenel Moïse, quien durante 43 días no había hecho ninguna declaración pública a pesar de la grave crisis que atraviesa este país, rompió su silencio y finalmente se dirigió a la nación expresando lo siguiente:  «Tengamos el valor de rechazar las prácticas que han alimentado nuestra adversidad, mis queridos conciudadanos. Les pido una tregua histórica para iniciar las reformas institucionales, sociales y económicas esenciales para el desarrollo nacional.»

Somos conscientes de que Haití sigue sufriendo y empobreciéndose más. Sin embargo, no se pierde la esperanza al observar que la gente sonríe y espera un futuro mejor. ¡OREMOS POR HAITI PARA QUE RETORNE LA PAZ!