jueves, 5 de febrero de 2015

"POR FAVOR, ¡SUELTEN LAS CADENAS... ESTÁN PESADAS!


Nombre: Santa Josefina Bakhita
Nacida en 1869 in Olgossa, Darfur, Sudan
Murió el 8 de febrero de 1947 en Italia
Año de su beatificación: 17 de mayo de 1992
Año de su canonización: 1 de octubre de 2000
Se celebra su fiesta el 8 de febrero.

Santa Josefina Bakhita, también conocida como nuestra “madre negra” llevó a lo largo de su vida 144 cicatrices que obtuvo después de que fue secuestrada a los nueve años de edad y fue vendida como esclava. Su trauma fue tan grande que llegó a olvidar su nombre, por tanto, sus secuestradores le dieron el nombre de Bakhita, que significa afortunada. Golpes y malos tratos eran parte de su vida diaria. Ella experimentó humillaciones morales y físicas asociadas a la esclavitud. Fue en 1882 que su sufrimiento fue aliviado después de que la compró el cónsul italiano. Este evento transformó su vida. En esta familia, y en otra después, Bakhita recibió de sus patrones amabilidad, respeto, paz y alegría. Josefina descubrió el amor de una manera profunda aunque si en un principio desconocía el origen de esta experiencia. Un cambio en la vida de su patrón hizo que ella fuera confiada a las Hermanas Canosianas del Instituto de Catecúmenos en Venecia. Fue allí donde Bakhita conoció a Dios, a quien ya ella había experimentado desde niña en su corazón sin saber quién Él era. Fue acogida en la Iglesia Católica en 1890, entró con las Canosianas e hizo su profesión perpetua en 1896. Los siguientes cincuenta años de su vida fueron vividos dando testimonio del amor de Dios a través de su labor en la cocina, la costura, bordado y la portería. Cuando ella atendía la puerta gentilmente ponía sus manos sobre la cabeza de los niños que iban a la escuela cercana y los acariciaba. A los niños les agradaba su voz que confortaba a los pobres y sufrientes. Ella era una fuente de inspiración. Su sonrisa constante se ganó los corazones de las gentes, así como su humildad y sencillez. Al llegar a edad avanzada, Josefina experimentó largos y dolorosos años de enfermedad, pero ella continuó perseverando en esperanza y eligiendo siempre el bien. Cuando era visitada y se le preguntaba cómo estaba, ella respondía: “como el Maestro quiere”. Durante los últimos días de su vida Bakhita revivió los dolorosos años de su esclavitud y más de una vez exclamó: “Por favor, suelten las cadenas… ¡están pesadas! Rodeada por sus hermanas Josefina Bakhita murió el 8 de febrero de 1947.

A Santa Josefina Bakhita pedimos que interceda por la liberación de tantas personas que están sufriendo la esclavitud del siglo XXI: la Trata Humana. Como la de ella, hay tantas historias de secuestro, de malos tratos, de golpes, humillaciones. Como ella, millones de mujeres, niñas, niños y hombres cargan “las cicatrices” de la trata.

A continuación podrás leer algunos casos que te ayudarán a tomar conciencia de esta esclavitud moderna, y que seguramente te llevarán a hacer oración.




EXPERIENCIA DE SUFRIMIENTO, INDIGNACIÓN Y DE LUCHA CONTRA LA TRATA

Simone Borges Philip, cuando tenía 25 años de edad, vivía en Goiania con sus padres. En enero de 1996 se fue a España con un solo objetivo: hacer mucho dinero para ayudar a su familia. Según su familia, ella había recibido una propuesta de trabajo como mesera en un bar el cual aceptó; quería ganar 6 mil euros para su dote matrimonial. Como en la mayoría de los casos de trata humana, una vez que ella llegó a España la realidad fue otra: Simone descubrió que había sido víctima de la trata para explotación sexual. Ella fue forzada a trabajar como prostituta con varios clientes cada noche; también fue forzada a consumir drogas y sufrió cada forma de violencia. Después de un mes, cuando no pudo tolerar más esa situación, Simone decidió comunicarse con su familia para pedir ayuda. Habló con su madre en febrero y lloró mucho; le dijo que estaba forzada a trabajar hasta la madrugada y que era como estar en un infierno. Pidió a su familia que contactara al Consulado Brasileño en España para que pudiera salir de esta situación. Así inició la lucha de su familia para traerla de regreso a casa. Después de pedirá ayuda incesantemente la familia obtuvo la autorización para el regreso de su hija. Simone recibió un boleto para regresar a su casa el 24 de abril. Desgraciadamente, el 6 de abril, Viernes Santo, el día en que de la Pasión y Muerte de Cristo se celebra, sus padres fueron avisados de la muerte de su hija. Hasta el día de hoy los papás de Simone están todavía buscando una explicación, y dicen que su vida ya no es la misma desde la muerte prematura de su hija.
El señor Joao Borges, papá de Simone, no aceptó pasivamente la muerte de su hija. Él peleó sin descansar ante el gobierno brasileño para obtener los restos de su hija y tenerlos en Brasil. Después del funeral de Simone, su papá Joao decidió transformar su dolor e indignación formando una campaña contra la trata para salvar la vida de otras y otros jóvenes. El compromiso del señor Joao y el de toda su familia, junto con el compromiso de numerosas organizaciones para la defensa de los derechos humanos, dio origen en Brasil a la Policía Nacional contra la Trata Humana. El señor Joao continúa dedicándose a este trabajo y es un miembro importante de la red “Un grito por la vida”. Joao es una persona, que aunque si es ya adulto mayor, está siempre presente y su testimonio despierta emoción, inspiración y motivación, confirmando la importancia que tiene el seguir adelante con determinación en la lucha contra la trata humana.

TRAFICANTES SE PRESENTAN COMO “AMIGOS”

Adriana (nombre imaginario), de 20 años de edad, de Rumania, llegó al Reino Unido con su nuevo “novio” quien le había prometido un buen trabajo. Ella esperaba trabajar en un restaurante y tener un buen salario para enviar a su familia. Ella confió en las promesas de su amado de tener un futuro hermoso delante de ellos cuando regresaran a Eslovaquia. Pero en lugar de eso, ella fue violada por dos desconocidos con quienes su “novio” hizo tratos de venta tan pronto llegaron al Reino Unido. La encerraron en un sótano y la obligaron a trabajar como prostituta para pagar “la deuda en la que había incurrido”, según ellos. Adriana recibía más de veinte clientes al día; era violada con frecuencia y golpeada para evitar que escapara. Fue salvada durante una redada policiaca y fue conducida a una casa segura; al final fue repatriada a Eslovaquia.





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