miércoles, 24 de febrero de 2016

"AFROECUATORIANO: MISIONERO DE LA MISERICORDIA"

Bajo el lema:
Afroecuatoriano: Misionero de la Misericordia” y el tema:
Misericordiosos como el Padre” que acompañan a la Pastoral Afro durante todo el 2016, se ha realizado en Ibarra, del 19 al 21 de febrero, el primer EAPA (Encuentro del Grupo de Apoyo de la Pastoral afro) del año, con la presencia de unas cuarenta personas, entre las cuales,cuatro sacerdotes, religiosos, laicos, jóvenes provenientesde Esmeraldas, Carchi, Imbabura, Puyo, Guayaquil, Quito…

Momentos fuertes del encuentro han sido: la reflexión propuesta por la Conferencia Episcopal Ecuatoriana sobre el Año de la Misericordia presentada por el P. Marco Acosta; la revisión, evaluación y sugerencias para Las Líneas Pastorales de la Pastoral Afro;  el Programa del SEPAC (Secretariado de Pastoral afroamericana) en vista del EPA continental 2018 a celebrarse en Cali (Colombia); el DECENIO de los Pueblos Afrodescendientes (2015-2024) proclamado por las Naciones Unidas; los momentos litúrgicos enriquecidos por la espiritualidad afro de la sierra, de la costa y de Colombia; el compartir de las actividades y programas de las diversas circunscripciones las propuestas para vivir el Año de la Misericordia con obras concretas de solidaridad e identidad afro, la revisión de los miembros de los ámbitos (formación, espiritualidad afro, pastoral familiar, juvenil, social, y … la convivencia entre los participantes siempre rica de calor humano, de fe, de alegría y mucha, mucha música y canto para alabar a Dios y agradecerle el don de la vida.

Hna. Daniela Maccari


miércoles, 17 de febrero de 2016

PAPA FRANCISCO REZO POR LOS MIGRANTES EN LA FRONTERA DE MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS

Ciudad de México, 17 Feb. 16 / 06:37 pm (ACI).- Antes de celebrar
su última Misa en territorio mexicano en la “antigua feria expo” de Ciudad Juárez, el Papa Francisco se detuvo para rezar por los migrantes ante una cruz colocada frente al Río Grande en la frontera entre México y Estados Unidos.

La cruz estaba rodeada de zapatos viejos y sandalias que simbolizan la dramática situación de los migrantes que muchas veces mueren tratando de cruzar hacia Estados Unidos.

El Pontífice se inclinó y oró en silencio durante unos minutos y dejó un ramo de flores.

Luego bendijo el lugar y dio la bendición a ambos lados de la frontera, especialmente a los migrantes que ya no pueden volver a México.
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ULTIMA MISA DEL PAPA FRANCISCO EN MEXICO (CIUDAD JUAREZ, CHIHUAHUA)



Homilía del Papa Francisco en Ciudad Juárez, su última Misa en México



CIUDAD JUÁREZ, 17 Feb. 16 / 07:02 pm (ACI).- La última
actividad del Papa Francisco en México antes de volver a Roma ha sido una multitudinaria Misa celebrada en esta ciudad fronteriza en donde hace hincapié en la dura realidad de los migrantes. A continuación la homilía completo del Papa Francisco:

La gloria de Dios es la vida del hombre, así lo decía San Ireneo en el siglo II, expresión que sigue resonando en el corazón de la Iglesia. La gloria del Padre es la vida de sus hijos. No hay gloria más grande para un padre que ver la realización de los suyos; no hay satisfacción mayor que verlos salir adelante, verlos crecer y desarrollarse. Así lo atestigua la primera lectura que escuchamos. Nínive, una gran ciudad que se estaba autodestruyendo, fruto de la opresión y la degradación, de la violencia y de la injusticia. La gran capital tenía los días contados, ya que no era sostenible la violencia generada en sí misma. Ahí aparece el Señor moviendo el corazón de Jonás, ahí aparece el Padre invitando y enviando su mensajero. Jonás es convocado para recibir una misión. Ve, le dice, porque «dentro de cuarenta días, Nínive será destruida» (Jon 3,4). Ve, ayúdalos a comprender que con esa manera de tratarse, regularse, organizarse, lo único que están generando es muerte y destrucción, sufrimiento y opresión. Hazles ver que no hay vida para nadie, ni para el rey ni para el súbdito, ni para los campos ni para el ganado. Ve y anuncia que se han acostumbrado de tal manera a la degradación que han perdido la sensibilidad ante el dolor. Ve y diles que la injusticia se ha instalado en su mirada. Por eso va Jonás. Dios lo envía a evidenciar lo que estaba sucediendo, lo envía a despertar a un pueblo ebrio de sí mismo.

Y en este texto nos encontramos frente al misterio de la misericordia divina. La misericordia rechaza siempre la maldad, tomando muy en serio al ser humano. Apela siempre a la bondad de cada persona aunque esté dormida, anestesiada. Lejos de aniquilar, como muchas veces pretendemos o queremos hacerlo nosotros, la misericordia se acerca a toda situación para transformarla desde adentro. Ese es precisamente el misterio de la misericordia divina. Se acerca, invita a la conversión, invita al arrepentimiento; invita a ver el daño que a todos los niveles se está causando. La misericordia siempre entra en el mal para transformarlo.

Misterio de nuestro Padre Dios, envía a su Hijo que se metió en el mal, se hizo pecado para transformar el mal. Esa es su misericordia. El rey escuchó, los habitantes de la ciudad reaccionaron y se decretó el arrepentimiento. La misericordia de Dios entró en el corazón revelando y manifestando lo que será nuestra certeza y nuestra esperanza: siempre hay posibilidad de cambio, estamos a tiempo de reaccionar y transformar, modificar y cambiar, convertir lo que nos está destruyendo como pueblo, lo que nos está degradando como humanidad. La misericordia nos alienta a mirar el presente y confiar en lo sano y bueno que late en cada corazón. La misericordia de Dios es nuestro escudo y nuestra fortaleza.

Jonás ayudó a ver, ayudó a tomar conciencia. Acto seguido, su llamada encuentra hombres y mujeres capaces de arrepentirse, capaces de llorar. Llorar por la injusticia, llorar por la degradación, llorar por la opresión. Son las lágrimas las que pueden darle paso a la transformación, son las lágrimas las que pueden ablandar el corazón, son las lágrimas las que pueden purificar la mirada y ayudar a ver el círculo de pecado en que muchas veces se está sumergido. Son las lágrimas las que logran sensibilizar la mirada y la actitud endurecida y especialmente adormecida ante el sufrimiento ajeno. Son las lágrimas las que pueden generar una ruptura capaz de abrirnos a la conversión.

Así le pasó a Pedro, después de haber renegado de Jesús, lloró y las lágrimas le abrieron el corazón. Que esta palabra suene con fuerza hoy entre nosotros, esta palabra es la voz que grita en el desierto y nos invita a la conversión. En este Año de la Misericordia, y en este lugar, quiero con ustedes implorar la misericordia divina, quiero pedir con ustedes el don de las lágrimas, el don de la conversión.

Aquí en Ciudad Juárez, como en otras zonas fronterizas, se concentran miles de migrantes de Centroamérica y otros países, sin olvidar tantos mexicanos que también buscan pasar «al otro lado». Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio de tráfico humano, de la trata de personas.

No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos. Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias. Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres. No sólo sufren la pobreza sino que además tienen que sufrir todas estas formas de violencia. Injusticia que se radicaliza en los jóvenes, ellos, «carne de cañón», son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas. ¡Y qué decir de tantas mujeres a quienes les han arrebatado injustamente la vida!

Pidámosle a nuestro Dios el don de la conversión, el don de las lágrimas, pidámosle tener el corazón abierto, como los ninivitas, a su llamado en el rostro sufriente de tantos hombres y mujeres. ¡No más muerte ni explotación! Siempre hay tiempo de cambiar, siempre hay una salida, siempre hay una oportunidad, siempre hay tiempo de implorar la misericordia del Padre.

Como sucedió en tiempo de Jonás, hoy también apostamos por la conversión; hay signos que se vuelven luz en el camino y anuncio de salvación. Sé del trabajo de tantas organizaciones de la sociedad civil a favor de los derechos de los migrantes. Sé también del trabajo comprometido de tantas hermanas religiosas, de religiosos y sacerdotes, de laicos que se la juegan en el acompañamiento y en la defensa de la vida. Asisten en primera línea arriesgando muchas veces la propia vida suya. Con sus vidas son profetas de la misericordia, son el corazón comprensivo y los pies acompañantes de la Iglesia que abre sus brazos y sostiene.

Es tiempo de conversión, es tiempo de salvación, es tiempo de misericordia. Por eso, digamos junto al sufrimiento de tantos rostros: «Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor apiádate de nosotros… purifícanos de nuestros pecados y crea en nosotros un corazón puro, un espíritu nuevo» (cf. Sal 50/51,3.4.12). Y también deseo en este momento saludar desde aquí a nuestros queridos hermanos y hermanas que nos acompañan simultáneamente al otro lado de la frontera, en especial a aquellos que se han congregado en el estadio de la Universidad del Paso conocido como el Sun Bowl. Bajo la guía de su Obispo, Mons. Mark Seitz. Gracias a la ayuda de la tecnología podemos orar, cantar y celebrar juntos ese amor misericordioso que el Señor nos da y que ninguna frontera podrá impedirnos compartir, Gracias hermanos y hermanas, gracias hermanos y hermanas de El Paso por hacernos sentir una misma familia y una misma comunidad cristiana.

PAPA FRANCISCO SE ENCUENTRA CON REPRESENTANTES DEL MUNDO DEL TRABAJO

Papa en Juárez: Sueñen un México donde papá y mamá tengan tiempo para jugar con sus hijos.


CIUDAD JUÁREZ, 17 Feb. 16 / 04:03 pm (ACI).- Esta tarde el Papa Francisco se encontró con diversos representantes del mundo del trabajo en el gimnasio del Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua.

En su discurso el Santo Padre invitó a los asistentes a “soñar un México, donde el papá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos y eso lo van a lograr dialogando, negociando, perdiendo para que ganen todos”.

“Los invito a soñar el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera segunda o de cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad de hijo de Dios”, alentó.

Al llegar al lugar donde se realizó el encuentro, el Santo Padre se dirigió al estrado e inmediatamente se produjo una ola entre la multitud, la que además empezó a vitorear “¡Francisco, hermano, ya eres mexicano!” y “¡Francisco, amigo, Juárez está contigo!”

El Santo Padre tomó asiento y recibió la bienvenida del Mons. Jorge Alberto Cavazos, Obispo Auxiliar de Monterrey y asesor de la dimensión de pastoral laboral, quien dijo “aquí hay representantes del mundo del trabajo en muchas de sus múltiples expresiones, esperamos sus palabras, que siempre nos fortalecen para lograr metas comunes favorables. ¡Santo Padre, muchas gracias!”.

Después de esto siguieron las palabras de un matrimonio formado por la secretaria Daisy Flores Gámez y su esposo Jesús Gurrola Varela, que aseguraron que la situación económica y los roles de trabajo actuales en Juárez “hacen cada vez más difícil la convivencia de la familia y el verdadero cuidado y atención a los hijos”.

La pareja habló también del “desgaste desproporcionado en el mundo laboral” y por ello pidieron al Santo Padre que ore e interceda por las familias, “que de alguno u otro modo estamos sometidos a las redes del mercado –no siempre justas-”.

Finalmente dieron las gracias al Sumo Pontífice quien se puso de pie, los abrazó y entregó un obsequio.

Después se acercó al estrado Juan Pablo Castañón, Presidente Nacional del Consejo Coordinador Empresarial, quien en su discurso resaltó que la sociedad debe concentrarse en el trabajo digno porque “la persona humana es principio y fin de cualquier actividad económica y política”.

El empresario añadió que las oportunidades recibidas por los empresarios como él “nunca pueden ser vistas como privilegios, sino como responsabilidades hacia los que menos tienen”.

Tras los testimonios, el Papa Francisco, recibió un regalo de cinco rosas de acero de parte de una familia de empresarios católicos, las cuales representan las cinco Eucaristías que celebró en su país.

También recibió un presente con productos regionales y un “don digital”, de parte de un trabajador y una directora de empresa, respectivamente.

Después de saludar personalmente y regalar algunos rosarios a las personas que le llevaron los obsequios, el Santo Padre agradeció a todos por “los desvelos, las alegrías y esperanzas que experimentan en sus vidas”.

El Santo Padre recordó a las organizaciones de trabajadores y gremios empresariales que “uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo”.

Por ello el Papa Francisco respondió que “la mejor inversión es crear oportunidades” a fin de evitar que la pobreza generada sea “caldo de cultivo para que los jóvenes caigan en el círculo del narcotráfico y de violencia”.

El Santo Padre agregó que “la única pretensión de la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de personas y estructuras sociales” cuando ésta se vea “amenazada o reducida a un bien de consumo”.

Finalmente el Sumo Pontífice aseguró que “el lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, sino que están al servicio del bien común”.

Tras terminar su discurso, el Papa Francisco les dio la bendición pidiendo la intercesión de la Virgen de Guadalupe y San José. Finalizando pidió que rezaran por él y después se retiró entre aplausos a su siguiente destino, el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez.  Texto integral.

EL PAPA LLEGA A CIUDAD JUAREZ, CHIHUAHUA

Papa a presos en Juárez: No podía irme sin celebrar con ustedes Jubileo de la Misericordia


CIUDAD JUÁREZ, 17 Feb. 16 / 02:02 pm (ACI).- El Papa Francisco visitó hoy en la fronteriza Ciudad Juárez en el estado de Chihuahua, al norte del país, una cárcel que tiene en total 3.000 detenidos hombres y 200 mujeres.

En el discurso que les dedicó señaló que las cárceles “son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos” y animó a los reclusos a continuar hacia adelante mirando a Cristo en la cruz.

Ciudad Juárez es también famosa porque está junto a la frontera de Estados Unidos, donde se encuentra El Paso en el estado de Texas. El Santo Padre llegó a ella a las 9:54 a.m.

Desde el Aeropuerto Internacional “Abraham González”, el Papa se desplazó en papamóvil hasta la cárcel CERESO número 3. A lo largo de todo el recorrido y como en los días precedentes, miles de fieles recibieron con vítores el Pontífice, quien no dejó de sonreír.

En el encuentro participaron 700 reclusos, 250 familiares de internos y 50 miembros de la pastoral penitenciaria y 50 personas de la fiscalía responsable de las penitenciarías de Chihuahua.

La cárcel es parte de un proyecto de reinserción de los institutos penales del Estado de Chihuahua que destaca por el respeto a los estándares internacionales en materia carcelaria.

A su llegada, Francisco recorrió un pequeño espacio en el que se encontraba un pequeño grupo de familiares de reclusos y desde ahí alcanzó el patio principal del centro, donde fue acogido por el director de la prisión.

Después, y a bordo de un pequeño vehículo, el Santo Padre llegó hasta la capilla, donde saludó a las personas y los sacerdotes encargados de la pastoral penitenciaria. Tras un momento de oración ante una gran imagen de la Virgen de Guadalupe, anunciaron que el Papa dejaba como regalo para los detenidos un crucifijo de cristal de color verdoso, obra de un escultor italiano.

Francisco improvisó unas palabras: “les agradezco su presencia aquí, todo el bien que hacen aquí, mil maneras de hacer que no se ven y ustedes se van a encontrar con mucha fragilidad. Por eso quise traer esta imagen de lo más frágil, el cristal es lo más frágil, que se rompe enseguida y Cristo en la cruz es la fragilidad más grande de la humanidad, sin embargo esa fragilidad nos salva nos ayuda, nos hace ir adelante y nos abre la puerta de la esperanza”.

A continuación, descubrió una placa en recuerdo de la inauguración de la capilla “Cristo el Salvador”, momento en el que le explicaron que en ese momento le veían y escuchaban por televisión 230.000 presos mexicanos de todo el país y de California, Texas y Colorado, en los Estados Unidos, de 400 prisiones en total.

Después y al tiempo que una banda de música cantaba, el Papa accedió al estrado. Entonces, el Obispo de Ciudad Juárez, Mons. José Guadalupe Torres Campos leyó el saludo de Mons. Andrés Vargas Peña, responsable de la dimensión episcopal de pastoral penitenciaria, que no pudo estar presente por enfermedad.

La siguiente persona que habló fue Évila Quintana, una de las presas de este centro que contó su historia al Pontífice. Ella es madre soltera y nunca había hablado en público para proteger a su pequeña hija de las burlas de otros niños; sin embargo, cuando le dijeron que daría su testimonio al Papa Francisco en la cárcel de Ciudad Juárez, fue su niña de 8 años quien la alentó a seguir adelante y asegurándole que “es más, yo quiero estar contigo”.

“Su presencia en este centro es un llamado a la obra de misericordia para los internos de una prisión y sus familias. Es también un llamado para aquellos que se olvidaron de que aquí hay seres humanos pues aunque seamos transgresores de la ley del hombre y pecadores la mayoría de nosotros tenemos la esperanza de la redención y en algunos casos la voluntad de conseguirla”, dijo Quintana.

Después, Francisco saludó a 20 mujeres y 30 hombres distinguidos por su buena conducta. Ellos le regalaron una férula labrada a mano, un báculo de 1,95 metros y una vasija artesanal típica de una región.

Francisco les ofreció también un discurso plagado de cariño y ánimo dada la vida que tienen. “No quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes”, les dijo.

“Hoy, junto a ustedes y con ustedes, quiero reafirmar una vez más la confianza a la que Jesús nos impulsa: la misericordia que abraza a todos y en todos los rincones de la tierra. No hay espacio donde su misericordia no pueda llegar, no hay espacio ni persona a la que no pueda tocar”.

Francisco explicó entonces que “celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es recordar el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia”.

Además, alertó de que “nos hemos olvidado de concentrarnos en lo que realmente debe ser nuestra preocupación: la vida de las personas; sus vidas, las de sus familias, la de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de la violencia”.

“Es aprender a abrir la puerta al futuro, al mañana; es creer que las cosas pueden ser diferentes. Celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es invitarlos a levantar la cabeza y a trabajar para ganar ese espacio de libertad anhelado”, resaltó el Papa.

Discurso del Papa a los presos

EL PAPA FRANCISCO ENCUENTRA A LOS JOVENES DE MEXICO EN MORELIA


El Papa Francisco está en Morelia y sostiene un encuentro con miles de jóvenes de todo México en el estadio “José María Morelos y Pavón”.   Este es su mensaje:

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Estadio “José María Morelos y Pavón”, Morelia
Martes 16 de febrero de 2016

Buenas tardes, a ustedes, jóvenes de México que están aquí, que están mirando por televisión, que están escuchando, y quiero enviar un saludo y una bendición a los miles de jóvenes que, en la Arquidiócesis de Guadalajara, están reunidos en la Plaza San Juan Pablo II siguiendo lo que está pasando aquí y, como ellos, tantos otros; pero, me mandaron a avisar que eran miles y miles allí, ya reunidos, escuchando. Así que somos dos estadios, la Plaza Juan Pablo de Guadalajara y nosotros aquí, y después, tantos otros por todos lados.

Yo conocía las inquietudes de ustedes, porque me habían hecho llegar el borrador de lo que más o menos iban a decir; es verdad, ¡para qué les voy a mentir! Pero a medida que hablaban también iba tomando nota de cosas que me parecían importantes para que no quedaran en el aire....

Les cuento que cuando llegué a esta tierra fui recibido con una calurosa bienvenida, y pude constatar ahí mismo algo que sabía desde hace tiempo: la vitalidad, la alegría, el espíritu festivo del Pueblo mexicano. «Ahorita»..., después de escucharlos, pero especialmente después de verlos, constato nuevamente otra certeza, algo que le dije al Presidente de la Nación en mi primer saludo. Uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana tiene rostro joven, son sus jóvenes. Sí, son ustedes la riqueza de esta tierra. ¡Cuidado! no dije la esperanza de esta tierra, dije: «Su riqueza».

La montaña puede tener minerales ricos que van a servir para el progreso de la humanidad, es su riqueza, pero esa riqueza hay que transformarla en esperanza con el trabajo, como hacen los mineros cuando van sacando esos minerales. Ustedes son la riqueza, hay que transformarla en esperanza. Y Daniela, al final, echó un desafío y, además, también nos dio la pista sobre la esperanza. Pero todos los que hablaron, cuando marcaban las dificultades, las cosas que pasaban, afirmaban una verdad muy grande: que «todos podemos vivir, pero no podemos vivir sin esperanza». Sentir el mañana, no podemos sentir el mañana si uno primero no logra valorarse, no logra sentir que su vida, sus manos, su historia, vale la pena. Sentir eso que Alberto decía, que «con mis manos, con mi corazón y con mi mente puedo construir esperanza». Si yo no siento eso la esperanza no podrá entrar en mi corazón. La esperanza nace cuando se puede experimentar que no todo está perdido, y para eso es necesario el ejercicio de empezar «por casa», empezar por sí mismo. No todo está perdido. No estoy perdido, yo valgo, yo valgo mucho. Les pido silencio ahora, cada uno se contesta en su corazón: ¿Es verdad que no todo está perdido? ¿Yo estoy perdido o estoy perdida? ¿Yo valgo? ¿Valgo poco, valgo mucho? La principal amenaza a la esperanza son los discursos que te desvalorizan, te van como chupando el valor y terminás como caído, ¿no es cierto?, como arrugado, con el corazón triste. Discursos que te hacen sentir de segunda, si no de cuarta. La principal amenaza a la esperanza es cuando sentís que no le importás a nadie o que estás dejado de lado. Esa es la gran dificultad para la esperanza: cuando en una familia o en una sociedad o en una escuela o en un grupo de amigos te hacen sentir que no les importás. Y eso es duro es doloroso, pero eso sucede, ¿o no sucede? ¿Sí o no? [Responden: «Sí»] ¡Sí, sucede! Eso mata, eso nos aniquila y esa es la puerta de ingreso para tanto dolor. Pero también hay otra principal amenaza a la esperanza –a la esperanza de que esa riqueza, que son ustedes, crezca y dé su fruto– y es hacerte creer que empezás a ser valioso cuando te disfrazás de ropas, marcas del último grito de la moda, o cuando te volvés prestigio, importante por tener dinero pero, en el fondo, tu corazón no cree que seas digno de cariño, digno de amor y eso tu corazón lo intuye. La esperanza está amordazada por lo que te hacen creer, no te la dejan surgir. La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar todo, incluso el cariño de los demás. La principal amenaza es creer que por tener un gran «carro» sos feliz. ¿Es verdad esto, que por tener un gran carro sos feliz? [Responden: «No»].

Ustedes son la riqueza de México, ustedes son la riqueza de la Iglesia. Permítanme que les diga una frase de mi tierra: «No les estoy sobando el lomo». No los estoy adulando. Y entiendo que muchas veces se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos continuamente expuestos a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror. Es difícil sentirse la riqueza de una nación cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno –Alberto, lo expresaste claramente–, posibilidades de estudio y capacitación, cuando no se sienten reconocidos los derechos que después terminan impulsándolos a situaciones límites. Es difícil sentirse la riqueza de un lugar cuando, por ser jóvenes, se los usa para fines mezquinos, seduciéndolos con promesas que al final no son reales, son pompas de jabón. Y es difícil sentirse ricos así. La riqueza la llevan adentro y la esperanza la llevan adentro; pero no es fácil, por todo esto que les estoy diciendo, que es lo que dijeron ustedes: faltan oportunidades de trabajo y de estudio –dijo Roberto y Alberto–.  Leer mas...
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