miércoles, 3 de enero de 2018

FELIZ Y BENDECIDO AÑO NUEVO 2018


Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra

த்தா
Shana tova
புண்டு
Mwaka mzuri
Bonne année
Feliz ano novo
Nzoni fini ngou
Feliz año nuevo
سعيدة
Happy New Year
Buon anno nuovo
Gelukkige nuwe jaar
Ein gutes neues Jahr
Maligayang bagong taon
Szczęśliwego nowego roku
Mbula ya sika elamu na tonbeli yo


EL PEQUEÑO ALEPER

Hna Ylenia desde Uganda

Su nombre es Aleper y tiene cuatro años, es un niño de Kololo Village y está felíz de estar en la clase del medio del kinder. El año pasado estaba en la baby class y no entendía mucho y extrañaba a su mamá. Ahora todo es diferente porque él ya es grande, el viene solo al kínder sin llorar. En la escuela le dan todos los días atole con azúcar, verdaderamente ama el azúcar pero su mama no tiene para ponerle azúcar a su té el día que no viene a escuela. Ese era su momento favorito el año pasado, ahora ama ir a jugar con los juegos de colores que pusieron en el jardín del kinder. 
Esta semana estuvo aprendiendo los números, el que mas le gusta dibujar es el numero dos porque parece una serpiente. También le gusta la clase de Inglés porque es el idioma que hablan en la escuela de los niños grandes. Cada vez que aprende una palabra nueva en inglés la repite muchas veces en casa para enseñarle a su mamá cuanto está aprendiendo. Su hermana que está en la primaria se ríe de él pero su papá le dice que esta orgulloso. Un niño en su clase habla solo inglés, su papá trabaja en el hospital vestido de blanco y su mamá trabaja con una caja rara donde Angelo ve caricaturas. Los papás de Aleper no trabajan en el hospital, su mamá vende verduras en el mercado y su papá es un “leya leya”,  el trabaja en cualquier cosa que le den de trabajar y le pagan por día. Su papá sabe hacer de todo, trabajar en los huertos, carga sacos en el mercado, las maletas de los que llegan en el autobús de la tarde, una vez lo vió hasta reparar la bici de la hermana que enseña en la escuela de su hermano el mas grande. Aleper quiere muchísimo a su papá,  pero cuando sea grande el quiere ser mecánico y reparar carros y manejar por todas partes. 
Aleper todos los días se encuentra a sus amiguitos en el kinder, bueno no a todos. Su mejor amigo en baby class era Sagal pero este año no volvió al kinder, el ya ni siquiera esta en la aldea. Su mamá dice que la mamá de Sagal se lo dio a su tía para que la ayude a trabajar en la ciudad, su hermano dice que se lo llevaron para que pida dinero a la gente en las calles de Kampala, la capital del país. Muchos niños de su aldea ahora viven en las calles de la ciudad y piden dinero a la gente. Las niñas mas grandes se visten como mujeres grandes para que los hombres les den dinero.
Una señora vino a hablar con su papa hace algunos días, prometiéndole que lo mandaría a la escuela en la ciudad a los niños si los dejaba trabajar para ella en las calles. Papá se enojó mucho y la echó fuera de la aldea. Papá dice que muchos de los niños que trabajan en las calles son sacrificados para que los ricos se hagan mas ricos. Papá cuida a Aleper y sus hermanos y no quiere que vayan a la ciudad, dice que si estudian mucho irán a la escuela. 
En el kinder rezan por los niños de la aldea que viven en las calles, Aleper espera que un día su amigo Sagal regrese y jugar de nuevo juntos.

MIGRANTES Y REFUGIADOS: HOMBRES Y MUJERES QUE BUSCAN LA PAZ


MENSAJE DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 
51 JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2018


1. Un deseo de paz

Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad[1], es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración. De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz»[2]. Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino.

Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.

Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Habrá que trabajar mucho antes de que nuestros hermanos y hermanas puedan empezar de nuevo a vivir en paz, en un hogar seguro. Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados. El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, «respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu»[3]. Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir[4].

2. ¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes?

Ante el Gran Jubileo por los 2000 años del anuncio de paz de los ángeles en Belén, san Juan Pablo II incluyó el número creciente de desplazados entre las consecuencias de «una interminable y horrenda serie de guerras, conflictos, genocidios, “limpiezas étnicas”»[5], que habían marcado el siglo XX. En el nuevo siglo no se ha producido aún un cambio profundo de sentido: los conflictos armados y otras formas de violencia organizada siguen provocando el desplazamiento de la población dentro y fuera de las fronteras nacionales.

Pero las personas también migran por otras razones, ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la “desesperación” de un futuro imposible de construir»[6]. Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz. Además, como he subrayado en la Encíclica Laudato si’, «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental»[7].

La mayoría emigra siguiendo un procedimiento regulado, mientras que otros se ven forzados a tomar otras vías, sobre todo a causa de la desesperación, cuando su patria no les ofrece seguridad y oportunidades, y toda vía legal parece imposible, bloqueada o demasiado lenta.

En muchos países de destino se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de la acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto que son hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano[8].

Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Os invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz.

3. Una mirada contemplativa

La sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, «tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir»[9]. Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas. La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella.

Necesitamos ver también la ciudad donde vivimos con esta mirada contemplativa, «esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas [promoviendo] la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia»[10]; en otras palabras, realizando la promesa de la paz.

Observando a los migrantes y a los refugiados, esta mirada sabe descubrir que no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes.

Por último, esta mirada contemplativa sabe guiar el discernimiento de los responsables del bien público, con el fin de impulsar las políticas de acogida al máximo de lo que «permita el verdadero bien de su comunidad»[11], es decir, teniendo en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos.

Quienes se dejan guiar por esta mirada serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento. Transformarán en talleres de paz nuestras ciudades, a menudo divididas y polarizadas por conflictos que están relacionados precisamente con la presencia de migrantes y refugiados.

4. Cuatro piedras angulares para la acción

Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar[12].

«Acoger» recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. La Escritura nos recuerda: «No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles»[13].

«Proteger» nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, pienso en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos. Dios no hace discriminación: «El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda»[14].

«Promover» tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, deseo subrayar la importancia que tiene el garantizar a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación: de esta manera, no sólo podrán cultivar y sacar el máximo provecho de sus capacidades, sino que también estarán más preparados para salir al encuentro del otro, cultivando un espíritu de diálogo en vez de clausura y enfrentamiento. La Biblia nos enseña que Dios «ama al emigrante, dándole pan y vestido»; por eso nos exhorta: «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto»[15].

Por último, «integrar» significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales. Como escribe san Pablo: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios»[16].

5. Una propuesta para dos Pactos internacionales

Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia.

El diálogo y la coordinación constituyen, en efecto, una necesidad y un deber específicos de la comunidad internacional. Más allá de las fronteras nacionales, es posible que países menos ricos puedan acoger a un mayor número de refugiados, o acogerles mejor, si la cooperación internacional les garantiza la disponibilidad de los fondos necesarios.

La Sección para los Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la
Promoción del Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción[17] como pistas concretas para la aplicación de estos cuatro verbos en las políticas públicas, además de la actitud y la acción de las comunidades cristianas. Estas y otras aportaciones pretenden manifestar el interés de la Iglesia católica al proceso que llevará a la adopción de los pactos mundiales de las Naciones Unidas. Este interés confirma una solicitud pastoral más general, que nace con la Iglesia y continúa hasta nuestros días a través de sus múltiples actividades.

6. Por nuestra casa común

Las palabras de san Juan Pablo II nos alientan: «Si son muchos los que comparten el “sueño” de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en “casa común”»[18]. A lo largo de la historia, muchos han creído en este «sueño» y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable.

Entre ellos, hay que mencionar a santa Francisca Javier Cabrini, cuyo centenario de nacimiento para el cielo celebramos este año 2017. Hoy, 13 de noviembre, numerosas comunidades eclesiales celebran su memoria. Esta pequeña gran mujer, que consagró su vida al servicio de los migrantes, convirtiéndose más tarde en su patrona celeste, nos enseña cómo debemos acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas. Que por su intercesión, el Señor nos conceda a todos experimentar que los «frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz»[19].

Vaticano, 13 de noviembre de 2017.
Memoria de Santa Francisca Javier Cabrini, Patrona de los migrantes.

Francisco

miércoles, 13 de diciembre de 2017

VIRGEN DE GUADALUPE: "DE ELLA QUEREMOS APRENDER A SER IGLESIA CON ROSTRO MESTIZO"


Homilía del Papa Francisco en la Eucaristía 

(ZENIT – 12 Dic. 2017).- “La Madre de Dios es figura de la Iglesia y de ella queremos aprender a ser Iglesia con rostro mestizo, con rostro indígena, afroamericano, rostro campesino, rostro cola, ala, cacaxtle”, ha dicho el Papa Francisco.

El Santo Padre ha celebrado la Eucaristía en la Basílica Vaticana hoy, 12 de diciembre de 2017, con ocasión de la Fiesta litúrgica de la Beata Virgen María de Guadalupe.

“La Madre de Dios es figura de la Iglesia (Lumen Gentium, 63) y de ella queremos aprender a ser Iglesia con rostro mestizo, con rostro indígena, afroamericano, rostro campesino, rostro cola, ala, cacaxtle. Rostro pobre, de desempleado, de niño y niña, anciano y joven para que nadie se sienta estéril ni infecundo, para que nadie se sienta avergonzado o poca cosa”, ha señalado el Papa.

En la homilía, Francisco hace un paralelismo entre Isabel y el indio Juan Diego, dos personajes que se sintieron “poca cosa” a los ojos de la Virgen: “Así podemos vislumbrarlo en el indiecito Juan Diego cuando le dice a María «yo en verdad no valgo nada, soy mecapal, soy cacaxtle, soy cola, soy ala, sometido a hombros y a cargo ajeno, no es mi paradero ni mi paso allá donde te dignas enviarme»”.

«¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?», son las palabras de Isabel, “la mujer marcada por el signo de la esterilidad, la encontramos cantando bajo el signo de la fecundidad y del asombro”, señala el Papa Francisco.

El Papa ha subrayado dos aspectos: Isabel, la mujer bajo el signo de la esterilidad y bajo el signo de la fecundidad.

En medio de esta dialéctica de fecundidad–esterilidad, el Santo Padre ha animado a mirar la riqueza y la diversidad cultural de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe, “ella es signo de la gran riqueza que somos invitados no sólo a cultivar sino, especialmente en nuestro tiempo, a defender valientemente de todo intento homogeneizador que termina imponiendo —bajo slogans atrayentes— una única manera de pensar, de ser, de sentir, de vivir, que termina haciendo inválido o estéril todo lo heredado de nuestros mayores; que termina haciendo sentir, especialmente a nuestros jóvenes, poca cosa por pertenecer a tal o cual cultura”.

RD

Publicamos a continuación la homilía que el Papa ha pronunciado en la Santa Misa:

Homilía del Papa Francisco

El Evangelio que acaba de ser proclamado es el prefacio de dos grandes cánticos: el cántico de María conocido como el «Magníficat» y el cántico de Zacarías, el «Benedictus», y me gusta llamarlo «el cántico de Isabel o de la fecundidad». Miles de cristianos a lo largo y ancho de todo el mundo comienzan el día cantando: «Bendito sea el Señor» y terminan la jornada «proclamando su grandeza porque ha mirado con bondad la pequeñez de los suyos». De esta forma, los creyentes de diversos pueblos, día a día, buscan hacer memoria; recordar que de generación en generación la misericordia de Dios se extiende sobre todo el pueblo como lo había prometido a nuestros padres. Y en este contexto de memoria agradecida brota el canto de Isabel en forma de pregunta: «¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?». A Isabel, la mujer marcada por el signo de la esterilidad, la encontramos cantando bajo el signo de la fecundidad y del asombro.

Quisiera subrayar estos dos aspectos. Isabel, la mujer bajo el signo de la esterilidad y bajo el signo de la fecundidad.

1. Isabel la mujer estéril, con todo lo que esto implicaba para la mentalidad religiosa de su época, que consideraba la esterilidad como un castigo divino fruto del propio pecado o el del esposo. Un signo de vergüenza llevado en la propia carne o por considerarse culpable de un pecado que no cometió o por sentirse poca cosa al no estar a la altura de lo que se esperaba de ella. Imaginemos, por un instante, las miradas de sus familiares, de sus vecinos, de sí misma… esterilidad que cala hondo y termina paralizando toda la vida. Esterilidad que puede tomar muchos nombres y formas cada vez que una persona siente en su carne la vergüenza al verse estigmatizada o sentirse poca cosa.

Así podemos vislumbrarlo en el indiecito Juan Diego cuando le dice a María «yo en verdad no valgo nada, soy mecapal, soy cacaxtle, soy cola, soy ala, sometido a hombros y a cargo ajeno, no es mi paradero ni mi paso allá donde te dignas enviarme». Así también este sentimiento puede estar —como bien nos hacían ver los obispos Latinoamericanos— en nuestras comunidades «indígenas y afroamericanas, que, en muchas ocasiones, no son tratadas con dignidad e igualdad de condiciones; o en muchas mujeres, que son excluidas en razón de su sexo, raza o situación socioeconómica; jóvenes, que reciben una educación de baja calidad y no tienen oportunidades de progresar en sus estudios ni de entrar en el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres, desempleados, migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, quienes buscan sobrevivir en la economía informal; niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, ligada muchas veces al turismo sexual».

2. Y junto a Isabel, la mujer estéril, contemplamos a Isabel la mujer fecunda-asombrada. Es ella la primera en reconocer y bendecir a María. Es ella la que en la vejez experimentó en su propia vida, en su carne, el cumplimiento de la promesa hecha por Dios. La que no podía tener hijos llevó en su seno al precursor de la salvación. En ella, entendemos que el sueño de Dios no es ni será la esterilidad ni estigmatizar o llenar de vergüenza a sus hijos, sino hacer brotar en ellos y de ellos un canto de bendición. De igual manera lo vemos en Juan Diego. Fue precisamente él, y no otro, quien lleva en su tilma la imagen de la Virgen: la Virgen de piel morena y rostro mestizo, sostenida por un ángel con alas de quetzal, pelícano y guacamayo; la madre capaz de tomar los rasgos de sus hijos para hacerlos sentir parte de su bendición.

Pareciera que una y otra vez Dios se empecina en mostrarnos que la piedra que desecharon los constructores se vuelve piedra angular (cf. Sal 117,22).

Queridos hermanos, en medio de esta dialéctica de fecundidad–esterilidad miremos la riqueza y la diversidad cultural de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe, ella es signo de la gran riqueza que somos invitados no sólo a cultivar sino, especialmente en nuestro tiempo, a defender valientemente de todo intento homogeneizador que termina imponiendo —bajo slogans atrayentes— una única manera de pensar, de ser, de sentir, de vivir, que termina haciendo inválido o estéril todo lo heredado de nuestros mayores; que termina haciendo sentir, especialmente a nuestros jóvenes, poca cosa por pertenecer a tal o cual cultura. En definitiva, nuestra fecundidad nos exige defender a nuestros pueblos de una colonización ideológica que cancela lo más rico de ellos, sean indígenas, afroamericanos, mestizos, campesinos, o suburbanos.

La Madre de Dios es figura de la Iglesia (Lumen Gentium, 63) y de ella queremos aprender a ser Iglesia con rostro mestizo, con rostro indígena, afroamericano, rostro campesino, rostro cola, ala, cacaxtle. Rostro pobre, de desempleado, de niño y niña, anciano y joven para que nadie se sienta estéril ni infecundo, para que nadie se sienta avergonzado o poca cosa. Sino, al contrario, para que cada uno al igual que Isabel y Juan Diego pueda sentirse portador de una promesa, de una esperanza y pueda decir desde sus entrañas: «¡Abba!, es decir, ¡Padre!» (Ga 4,6) desde el misterio de esa filiación que, sin cancelar los rasgos de cada uno, nos universaliza constituyéndonos pueblo. Hermanos, en este clima de memoria agradecida por nuestro ser latinoamericanos, cantemos en nuestro corazón el cántico de Isabel, el canto de la fecundidad, y digámoslo junto a nuestros pueblos que no se cansan de repetirlo: Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

jueves, 7 de diciembre de 2017

MARCHA MULTITUDINARIA EN COSTA RICA - "UN PASO POR LA VIDA Y LA FAMILIA"


El domingo 3 de Diciembre, Fiesta del gran  Patrono de las Misiones: San Francisco Javier, ocurrió un hecho bellisimo en Costa Rica.  Ante el llamado de nuestros Pastores los Señores Obispos 
a dar un paso por la Vida y la Familia según Dios, miles de personas no solo católicas sino tambien de otros credos marcharon por las calles de  la Capital en San José mostrando con pancartas cantos, rezos la defensa por el valor de la familia.

Ese domingo el Señor Arzobispo don José Rafael Quiros invitó a todas las diócesis con sus comunidades a unirse a esta marcha la cual tuvo una respuesta contundente.  Damos gracias a Dios porque aun existe tantas y tantas personas que creen y luchan por la familia que es la base de la sociedad.  A continuación la carta que escribieron los Obispos a todo el pueblo de Dios.

“Un paso por la Vida y la Familia según Dios” 
  
Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, les hemos invitado a que nos unamos en la II Caminata por la Vida y la Familia, que se realizará el próximo domingo 3 de diciembre de 2017 a las 10 a.m. en punto.

Hemos escogido como lema: “Un paso por la Vida y la Familia según Dios”. Queremos que todos los fieles católicos nos unamos para dar un paso al frente como sinónimo de esperanza y de fe, dispuestos a custodiar la vida y la familia, al tiempo que invitamos a todas las personas de buena voluntad, a unirse a esta Caminata.

Como dice el Papa Francisco en su Exhortación Amoris Laetitia: “la Iglesia siente la necesidad de decir una palabra de verdad y de esperanza [...] Los grandes valores del matrimonio y de la familia cristiana corresponden a la búsqueda que impregna la existencia humana”.

Para este día 3 de diciembre, convocamos a todos para que nos reunamos en el Parque Central de San José, donde caminaremos hacia el Paseo Colón y allí celebraremos la Eucaristía. Se les pide por favor vestir camiseta blanca.

Dado en San José, 1 de noviembre de 2017.  

X Mons. Manuel Eugenio Salazar Mora
Obispo de Tilarán-Liberia
Presidente, Comisión Nacional de Pastoral Familiar

jueves, 30 de noviembre de 2017

COSTA RICA ALBERGA DESDE HOY DEBATE MUNDIAL SOBRE EL CUIDADO DEL AMBIENTE Y LA ECOLOGIA SOCIAL


• Evento reúne a alrededor de 700 participantes de 20 países analizan desde hoy, el estado de la ecología y el desarrollo social del mundo, a la luz de la Encíclica Laudato Sii
• Desde el Vaticano, el Papa Francisco envió un mensaje a los participantes del Simposio motivando a todos a cuidar “la casa común”

San José, noviembre 2017. Con el objetivo de propiciar un diálogo franco sobre el cambio climático, la salud de nuestro planeta y la herencia para las futuras generaciones a la luz de los enunciados del Santo Padre el Papa Francisco, inició este miércoles en San José, el VII Simposio Internacional Laudato Sii, el cuidado de la casa común: “Una conversión necesaria a la ecología humana”, el cual culminará el viernes primero de diciembre.

El evento, que reúne a alrededor de 700 participantes entre religiosos, científicos, teólogos, empresarios y académicos de 20 países, es organizado por la Universidad Católica de Costa
Rica (UCAT) en el marco de su 25 aniversario, en conjunto con la Fundación vaticana Joseph Ratzinger - Benedicto XVI.

El acto inaugural tuvo lugar durante la mañana de este jueves con la presencia del rector de la UCAT, Dr. Fernando Sánchez; el presidente de la Federación Internacional de Universidades Católicas, Pbro. Pedro Rubens; el Arzobispo de San José, Monseñor José Rafael Quirós; el presidente de la Fundación Ratzinger, P. Federico Lombardi; el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, y el Presidente de la República, Luis Guillermo Solís Rivera.

“El grupo multidisciplinario de participantes que tenemos aquí, donde hay teólogos, académicos y científicos, demuestra que realmente estamos tomando en serio la petición del Santo Padre de pensar y preocuparnos por nuestra casa común, además concientizarnos sobre el problema ecológico y plantear soluciones al respecto”, manifestó Fernando Sánchez, rector de la UCAT.

Esta es la primera vez que el Simposio de la Fundación Joseph Ratzinger se realiza en la región norte, centroamericana y del Caribe, además de dejar de lado lo teológico dogmático para
centrarse en un tema de interés global y común a todos, independientemente del credo religioso, orientación política o nacionalidad.

“Costa Rica es un país bendecido y con una enorme vocación en la preservación de la naturaleza. El desarrollo sostenible en equilibrio entre los seres humanos y los recursos naturales es una de nuestras vocaciones para enfrentar los desafíos de la variabilidad  climática como un componente de derechos humanos. Esta vocación nos hace compartir los supremos valores de la Encíclica Laudato Síi en la cual Su Santidad el Papa Francisco hace un llamado mundial a la convivencia armónica entre seres humanos y naturaleza. 
Estamos orgullosos y honrados de coincidir en la preservación y protección de la casa común de la humanidad y de ser la sede de del Observatorio y del VII Simposio Internacional Laudato Sii”, manifestó el Presidente de la República, Luis Guillermo Solís Rivera.

Durante el evento, será inaugurado el Observatorio Laudato Sii, que tendrá a cargo el desarrollo del índice de medición mundial humano - ecológico: "Laudato Sii”, y cuya acta constitutiva fue firmada durante el acto inaugural por el Arzobispo de San José, José Rafael Quiros, Gran Canciller de la UCAT y el rector, Fernando Sánchez.

“Queremos hacer hincapié en la fuerza de la enseñanza de la Iglesia: la continuidad y el desarrollo de Benedicto a Francisco. Queremos dar voz a las personas que participan no sólo académica, sino también operativa y socialmente, y ofrecer una dimensión operativa al compromiso conjunto de las universidades, para lo cual pondremos en marcha el proyecto del Observatorio Laudato Sii que ha sido formulado por la Universidad Católica de Costa Rica”, manifestó el Padre Federico Lombardi, presidente de la Fundación Joseph Ratzinger.

Las conclusiones de este Simposio serán plasmadas en un documento que se espera tener listo el próximo año y que será entregado de manera personal al Papa Francisco. También
será llevado al Vaticano, a la FAO y al pueblo de Costa Rica.

“Esperamos con ello responder a la petición del Santo Padre, de actuar en consecuencia con lo que él pide en su Encíclica. Para ello ya tenemos el ofrecimiento de la muy prestigiosa editorial española, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), que se encargará de publicar estas conclusiones”, agregó.

Precisamente, la iniciativa de crear el Observatorio así como el Índice Laudato Si, le mereció a la Universidad Católica de Costa Rica la medalla Ex Corde Ecclesiæ, máximo galardón concedido por la Federación Internacional de Universidades Católicas, la cual fue entregada por el Pbro. Pedro Rubens, presidente de esta organización académica, al rector Fernando Sánchez.

El Simposio Laudato Sii, el cuidado de la casa común: “Una conversión necesaria a la ecología humana” fue declarado de interés público y educativo por el Gobierno de Costa Rica.
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