martes, 24 de enero de 2017

ETIOPIA - ¡UNA HISTORIA QUE TERMINA BIEN!

Comparto con vosotros una bella experiencia reciente.  Una mujer joven huésped de nuestra casa-refugio ha vuelto con su familia de origen.

Salimos, Sor Manna Berhe y yo, de mañanita, con un coche todo-terreno y un querido amigo que nos hecho de chófer y acompañante experto del país.   A más de  600 km de camino hacia el norte… no teníamos claro a donde dirigirnos; la mujer en cuestión, enferma mental, tenía dificultad a darnos indicaciones claras. Hacía más de 20 años que faltaba de su casa. Durante estos años había vivido en Addis Abeba, trabajado en alguna familia pero,  al enfermarse había estado literalmente echada a la calle.  

Después de un período de recuperación psico-físico en la casa-refugio, era hora de que volviese a entrar en la sociedad, pero, ¿cómo hacer? ¿Cómo dirigirla a lugares seguros donde no fuera abusada de nuevo…?

Por largo tiempo hemos vivido en la incertidumbre sobre el modo de hacer. Pensando que el regreso a su familia sería la mejor decisión para nosotras y para ella, el 20 de diciembre nos hemos puesto en viaje con gran esperanza, y con sus pocas y fragmentarias indica-ciones hemos llegado al pueblo donde sus padres viven todavía. El lugar es remoto, situado sobre un monte que se abre    como por encanto sobre una llanura,  lejos de la ciudad subyacente, lejos de cualquier forma de la llamada civilización ... Pero, ¡qué  paz, sereni-dad, sencillez de la vida! 

Los padres, incrédulos y llenos de miedo, no querían acercarse; para ellos, nos confiaron después, su hija estaba ya muerta, no la habían visto ni oído hablar de ella en muchos años… Pero ahora, ¡allí estaba antes sus incrédulos ojos!  Alegría, emoción... El papá se arrodilló dando gracias a Dios y a los que habían reconducido a su casa a su hija  Etat, Alem para nosotras en Addis Abeba.

Queridas, tendría mucho más que que deciros, mucho más, pero os dejo imaginar no solo la alegría de esos padres sino también nuestra alegría y emoción, ¡cuanta alegría da el vivir para nuestros hermanos y hermanas más abandonados y vulnerables.   

 Sr. Angela Mantini (SMC)

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